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jueves, 14 de diciembre de 2017

Flores



Che flor se curó.
Si. Se curó. Se va a la casa con las restas por la cintura.

Se va. Vuelve para los controles.

Le vi una sonrisa inmensa.
Y se me escapó un lagrimon de emoción.

Vas a decir que es cualquiera. Que exagero. Pero cuando me abrazaron me dijeron " viste que se curan? La mayoría de las veces es así. Aunque ustedes no lo vean"

Y el día es mucho más lindo ahora que se q ella va a poder disfrutarlo.

Buena vida. Que sea intensa y que sea hermosa Flor. Para siempre.

PD también Eme se transplantó y todo salió bien.

lunes, 27 de noviembre de 2017

No quiero que llevés de mí nada que no te marque



Una nostalgia donde se condensa el rocío, 
Un paso en falso hacia un remolino en el río. 
Cualquier contrasentido hoy cobra sentido 
Y se vuelve dilema para este corazón anhelante 
Que hoy piensa solo en la mitad faltante. 
-Jorge Drexler- 

Hay un montón de cosas que tengo para contar. Hoy no hay iniciales que pelean batallas inmensas en un resquicio del inmenso nosocomio. Iniciales que condensan peleas que te dejarían boquiabierto.

No me alcanzan las palabras para describir los pequeños universos que me rodean.
Nos codeamos con la muerte y el dolor todos los días, todo el tiempo en horario laboral. Y afuera también.
La sensación de impotencia que te invade cuando alrededor tuyo el dolor se expande. En gente que querés y que no querés también.
“Hay dolores que no tendrían que existir”, pensás mientras tratas de redactar un mensaje que no moleste, que transmita tranquilidad, que haga sentir mejor al que lo reciba. Que sea una caricia al menos a la distancia.

Cada uno tiene sus dolores. Algunos pueden expresarlo, otros quizás guardan toneladas de sensaciones, otros inventan tres o cuatro historias que contar mientras ocultan las razonas por las que el insomnio les gana de noche.

Me gustaría saber como hacer para que el dolor no exista más. Por volver a verte feliz. Rebosante de luz. Con una sonrisa grande que hace mucho que no veo y que por momentos temo no verla más.

Me borraría del mapa si eso apaciguara un dolor tan profundo como agudo.
No podría cruzar un mar, ni viajar al espacio.

Pero podría intentar hacer reír a más de un ogro.
Resolvería diez crucigramas y acertijos.
Me rompería el corazón y la frente cien veces contra la pared.
Podría tropezar mil veces con la misma piedra.
Te abrazaría un millón de veces.
Te devolvería la sonrisa aunque requiriera un billón de intentos.

O a menos dejaría el alma en eso.
Y aun así. Aún prometiéndote todos los sacrificios posibles, el dolor va a seguir ahí.

Quiero que pase el tiempo. Que se curen tus heridas. Que no te duela mas el pecho.
Quiero que sigas siendo feliz, aún al lado de alguien más distinto a mí.
Lo no correspondido seguramente lo curará el tiempo. No le tengo miedo a eso.
Siempre y cuando me prometas que vas a ser fuerte, que vas a mirar para adelante pase lo que pase y que no vas a bajar los brazos.

martes, 21 de noviembre de 2017

Ogros, batallas y despedidas.

Cuando me dijeron que Ele había fallecido, sentí que un frío me recorría la espalda. Iba a pasar y lo sabía. Todos los que lo sabíamos esperábamos irremediablemente el día.
Eso no aplaca el dolor. La puntada es igual de intensa.
No quiero pensar en cuando la conocí a Ele. Esa primera noche en el 4B la tengo muy fresca, como si hubiera sido ayer. Sacudo la cabeza tratando de ahuyentar el recuerdo.
No puedo no pensar en Ce, con sus ojos grandes que me muestra sus regalos de cumpleaños.
No puedo no pensar en Rulitos cuando se fue. O en cada uno que nos dejó.

Cuando me llega la noticia me aíslo del mundo, mucha gente hablando a mi alrededor y yo solo quiero una cosa. 
Hoy quiero cerrar todo. Irme a casa. Taparme hasta la cabeza. Salir a la luz del día en un mes o dos. No quiero estar en el hospital. Quiero irme lejos. Volver en el tiempo y decidir otra cosa. Elegir otro mundo. 
Tengo un vacío en el pecho y una puntada en el costado.

Me acerco al rincón buscando algo, quizás un abrazo o una respuesta. 
Las caras en el 4B son largas, estamos pálidos, con los ojos rojos. Las miradas tristes. Los lagrimones nos dejan marcas en la ropa.
Hasta el ogro de algún cuento de princesas, que por alguna razón poco clara deambula por la sala, tenía los ojos enrojecidos.
Sentados alrededor de la mesa nos amuchamos para que el abrazo sea más largo.
El aire se corta, espeso, húmedo. Más de lo habitual
Desde la punta de la mesa una que otra directiva. Pocas palabras. Indicaciones escuetas, queriendo que todo esto termine lo más rápido posible.
Como si se tratara del peor cuento de hadas de la historia, las malas noticias se suceden con una impunidad atroz.
Se murió Ele en el 4B. En el segundo Ben no pudo salir y dijo basta.
LB no deja que nos acerquemos. Está inestable. La sostienen mil goteos. La arrullan mil alarmas. Ci la pelea cerca de ella.
El domingo cumple años LB. Hace meses venía planeando el vestido. Me mostró fotos de las mil opciones que eran posibles.
Ahora, desde el segundo, nos tiene en vilo. Con alarmas por doquier. Inestable. Cada vez que dicen esa palabra siento que se desarma en el aire. Las letras se caen. Abrazo a la mamá en el pasillo.

Pasan las horas, el ogro vuelve al castillo. Desea con toda el alma que el día llegue a su final, porque aunque no lo creamos hasta los ogros necesitan irse a casa a mirar televisión y simular que nada de todo esto está pasando. Aunque sea por un rato.
Dino que aún afebril se deja poner pañitos.

Me rompe un poco el corazón el ogro. Desgarbado, triste. Viendo como lo abandonan algunos de sus mejores compañeros de juegos y aventuras. 
Porque al fin al cabo de eso se trata, de cuidar a guerreras y guerreros en el difícil viaje del día a día. Donde quizás no hay dragones, ni monstruos de mil cabezas que vencer con escudo y espada. 
Tal vez no haya damiselas en peligro ni furiosos corceles. 
Pero hay fiebres, pinchazos, neutropenias, bacilos, cocos, dolores de panza y de cabeza. Catéteres que se infectan, que se rompen. 
No hay lagartos gigantes que lanzan fuego por la boca. 
Hay nenes que miden menos de un metro de altura, que tienen peleas todos los días que harían sonrojar al más bravío de los caballeros de la mesa redonda.

Al final del día no nos queda más que despedirnos. Ese día todo cuesta un poco más-
Ahora Ele ya no está. Chiquita testaruda. Anda, viaja tranquila. Donde sea que vayas, nosotros acá nos vamos a acordar de vos siempre. 
De alguna forma nos hiciste mejores personas. 

Como cada una de esas caritas en el rincón del 4B.


jueves, 5 de octubre de 2017

Progresión


Hace unos días se reinternó Ele.
No puedo negar que no sentí que había algo de ironía poética en la situación.

Pasaron ya varios días hasta que pude sentarme a escribir y, aún ahora me cuesta, poner en palabras algo de todo esto.

Quizás logré apaciguar el sentimiento, que se exacerba con la falta de sueño y que aplaca a medida que pasan los días.

Ella esta en progresión de enfermedad. Se me vuelve muy difícil explicar que es eso en español. A veces cuesta aceptar que ese es el panorama. Que nos queda acompañar.
Estuvo con fiebre nueve horas Ele. Nueve. Fiebre alta. Muy.
Pocas cosas me generan más ansiedad que la fiebre. En cualquier rincón. Siempre es la fiebre.
La fiebre se mantuvo por unos días y después se fue.
El ojo hinchado decidió achicarse, obligado también por la medicación.

Una par de días después la vi sentada. Erguida. Tranquila. Creo que ella sabe mejor que nosotros que es lo que va a pasar. Igual que sus papás. 
 La enfermedad seguirá su curso pero Ele pudo irse a casa a jugar con sus mascotas.Y eso es lo único que debería importar.

martes, 20 de junio de 2017

Monigote y bonobon

Un día fui R3. Podría hablar largo y tendido de las dudas que me genera que me hayan dejado llegar y reírnos un rato.
Es casi un espectáculo de stand Up.

Pero como siempre, escribo una catarsis de postguardia. Porque me dijeron que lo mejor es sacarse todo esto de adentro para no lastimarse con tanta cosa guardada. Y creo que tienen mucha razón.

Hice la primera guardia del año ¿lectivo? con pibes que me van a padecer casi maternalmente todo su erreunato.
Después de una guardia con todos los pormenores (y pormayores) de una primera vez terminé, entre chicanas de horario y de chombas, en medio de un festejo de cumpleaños de algún interno que llevo palmeritas al pase.

Hace mucho cuando era R1 conocí a Mb. Entre tanta criatura de 4 años ella sobresalía por tener 18.
Nos llevábamos bien. 
Después de un tiempo no se internó más.
La mamá me contó, un día aleatorio en el pasillo, que había salido bien el trasplante.
El día que Ele se descompensó, Ale me había contado que cambiada que estaba Mb. Con novio, trabajo, proyectos.

Ese día de la primera guardia o, más bien, ese primer postguardia de R3 me encontró en el pasillo.
Escuche mi nombre y de repente tenía a Mb enfrente.
Hablamos. Su mamá me abrazo fuerte.
Mb me preguntó que iba a hacer después de la residencia.
Le dije que lo que quería hacer era …
Se empezó a reír y, me recordó, como de R1 le había dicho…
Evocó una charla que tuvimos una tarde ,en medio de una recorrida de sala hace más de un año. Yo recién tenía 5 meses de R1 y quería salir corriendo.
Me miraba riéndose. Creo que le dije mil veces lo feliz que me hacía verla. 
El postguardia me pone repetitiva,

En un lugar tan mostruoso como este, uno se encuentra todo el tiempo con gente. Algunos son solo saludos al pasar. Otros no. Otros ameritan parar, mirar, saludar, abrazar, gritar exclamar o simplemente correrse a costado del pasillo y esbozar un ¿Cómo está…?

***
Pasan los días. Una semana. 
Te llega la noticia.

Ce, se fue hoy. 
Tenía 7.
Los cumplió hace poco. Hacia 72 hs nomás.
Tenía 7 años y tres días.
Ce tenía una sonrisa que le achinaba los ojos enormes.
 Lloraba si le decías que no podía comer gomitas, pero aceptaba después de arduas negociaciones.
“Si la leche pasa y si no te duele la panza podés comerte dos” le decía, “de los colores que más te gusten".
Y ella aceptaba. Me decía “Si” moviendo la cabeza y sonriéndose mucho. 
Seguramente después no eran dos y eran 8. Pero si la panza no dolía…
Tenía un hermanito que ahora cumplió 3 meses. Y  otro hermano que entraba al consultorio en los controles de Ce.

Cuando la conocí tenía el pelo largo. Muy largo, y había llorado un poco cuando la abuela se lo había cortado.
Hablamos de que el pelo crece. Pero Ce en ese momento apenas entendía que pasaba.

Estuvo grave mil veces. Fui a cuidarla con fiebre muchas veces. Jugamos a abrazar al bebé de juguete cuando tuvimos que sacar la vía central.

La última vez que la vi, me asomé por la ventana y pensé que dormía. Se ve que no. La mamá salió y me dijo que pasara, Ce quería mostrarme todo lo que le habían regalado.
Había cumplido 7 hacia dos días. Nos prometimos los bonobones cuando se sintiera mejor.
Cuando me fui le di un beso. 
Volví más tarde cuando la preparaban para bajar al segundo.

Cuando me dijeron lo que había pasado, en la salita se frenó el mundo .
El bizcochuelo de cumpleaños de Andy, el mate, los catarros, la varicela. Todo quedó en segundo plano por un par de minutos.

Cuando volvimos al hospital ese día, fui a buscar ese abrazo que me había reconfortado con Ele. 
Lo encontré. 
Creo que fue más una devolución.
O no.
O será que uno sabe dónde ir en estos momentos.
O será que lo que permite superarlos es tener un lugar donde ir. 
O será que ese rincón que siempre es el rincón.

Mientras tanto a dos habitaciones de distancia Ele se iba de alta.
Be también y estoy segura que espera ansiosa volver a patinar.


Entonces de a poco vas aprendiendo que el dolor se intercala con esas alegrías. Esas buenas noticias, y esos encuentros de pasillo. Esos dibujos o cartas que te regalan, desde donde te saludan monigotes de piernas largas que sonríen todo el tiempo. Esos abrazos de despedida porque se van con el alta o ese chocar los cinco porque no hubo fiebre y el alta esta más cerca. O la manito que te saluda desde la escalera rumbo a la salida porque ya nos vamos a casa.

Y te das cuenta que mientras Ce te duele, algún otro está sacándole punta al lápiz rojo para darle vida al próximo monigote que te va sacar una sonrisa.

Y te juro que cuando todo es una mierda, ese monigote, ese saludo en el pasillo o chocar los cinco es todo lo que necesitas para no perder de vista porque volvés todos los días.