domingo, 14 de junio de 2009

Nota mental: no más música de noche.

Hay una parte de mí que quiere vomitar, vomitarte. Vomitarte un par de cosas que tengo anudadas adentro.
Y no puedo, no es incapacidad, vergüenza o algo que justifique visitas al psicólogo. Es locura. Por cebarme, por ir más rápido que el mismo almanaque, por vivir un año en un día. Por suponer que tu vida empezaba ese día que me miraste y que no había nada antes, pero el problema no es ese, el problema es que me pongo mal igual. Aunque haya decidido terminar con esto.
Me gusta que las cosas buenas se repitan. Eso en la vida real no pasa seguido. O si, pero ya dije, me cebo y voy muy rápido.
Y así reacciono cuando me doy contra la pared, mal. Te trato mal. Y te trato peor cuando me doy cuenta que no te das cuenta.

Y ahora vomito, vomito por los ojos, mil y un cosas que tengo que guardadas, todo por dos acordes, dos acordes que vibran en el aire. La vibración hace temblar todo y lo que no esta firme se cae.
Y no estoy firme, tiemblo. Y por esos dos acordes me desmorono, me desmorono por los ojos.
Todo por dos acordes. En mis ojos, por tus ojos. Por poder volver a mirarte, me derrito y estás mirando para otro lado.
La historia se repite, aunque parecía diferente al principio, se repite. Ojalá abrieras la puerta. Ojalá no fuera tan raro todo esto. Ojalá no fuera lo de siempre, con distinto nombre, pero lo mismo, distintos acordes pero siempre hay una noche con música que te hace acordar de cómo es todo. Y el vomito ocular y el nudo en el estómago. Y las ganas de dormir 35 años la siesta.

“Mañana va a ser un gran día te lo digo yo”

Empieza a costarme tanto creerte.



Él:- Decime
Yo:- Disculpá pero ¿podrías dejar de cogerme con la mirada por lo menos en lo que queda de clase?

Se queda callado. Vuelve a su lugar.

Y no te saca los ojos de encima, durante lo que queda de clase.

Cuando salís, no hay parte alguna de tu alma a la que no haya hecho acelerar.




Un día me voy a animar y te voy a escribir la historia completa.

viernes, 12 de junio de 2009

che! si, vos!

Levantar la mano. Que él venga:

Él:- Decime
Yo:- Disculpa pero ¿podrías dejar de cogerme con la mirada por lo menos en lo que queda de clase?

Una de esas cosas que nunca te dije.
La pucha.

martes, 9 de junio de 2009

Algo dando vueltas hay.

Estaba en un dilema.

Si, a veces caminando por Santa Fe aparecen esos dilemas. Bah, siempre que camino aparecen dilemas (¿Seven o Sprite?, ¿Galletitas o alfajor?, ¿Me doy manija al pedo o simplemente él es un imbécil? ¿El interior celular era positivo o negativo? ¿Salían tres sodios o entraban tres potasios?) y esta vez no era diferente, o si bah. Mientras pateaba cuadras para reencontrarme con alguien me reía. Me reía porque si, porque la situación era graciosa, porque era la última persona que se suponía iba abrir la puerta… ¿y adivina que?…si! la abrió él xD

Y si a veces pasa. A mí no me pasa nunca pero bueno, a otra gente le pasa.


La otra cosa que tenía que hacer era decirte que leí tu entrada. Y si no deje nada dicho fue porque me quise hacer la Grossa y no me salio.

Primero, que huevos gil para dejarlo, pasa a veces que uno evita dejarlo para evitar plantearse que va a hacer ahora. Y vos lo sabes y pues, aplaudo su decisión.

Felicidades (:

Me alegra conocerte en esta nueva etapa de tu vida (?)

Bah, para hacer bulto en la parte escrita en verdecito...Un gusto conocerlo y ¡Vamos por el record del chancho! (?)

Si, soy capaz de volver molesto un chiste :D


Y bueno, era eso. A veces soy breve.


"Pasa que los cronopios no quieren tener hijos, porque lo primero que hace un cronopio recién nacido es insultar groseramente a su padre, en quien oscuramente ve la acumulación de desdichas que un día serán las suyas.
Dadas estas razones, los cronopios acuden a los famas para que fecunden a sus mujeres, cosa que los famas están siempre dispuestos a hacer por tratarse de seres libidinosos. Creen además que en esta forma irán minando la superioridad moral de los cronopios, pero se equivocan torpemente pues los cronopios educan a sus hijos a su manera, y en pocas semanas les quitan toda semejanza con los famas."

Julio Cortázar; Historias de cronopios y de famas, 1994

Algo retorcido.

miércoles, 3 de junio de 2009

La procesión va por dentro.

"Me llevo el charro, me llevo la guitarra
Me llevo la botella pero no me la llevo a ella..."
(La música suena en el aire, casi susurrada)

El dolor, a veces, cede con el paso del tiempo, las heridas cierran y uno puede enfriarse y relajarse y eso, pensar mejor. Ese no parecía ser el caso, cada día se aseguraba más y más que estaba enojada, con él y con ella también. Más con ella, porque por alguna razón ya no podía sentirse victima, solo victimario. Se vuelve difícil a veces hablar de la procesión que a uno le cruza la cabeza y la entraña. Implica ponerse frente a frente con eso que uno viene negando o evadiendo o que no ve. El simple hecho de que probablemente la situación no es la que uno creía. El tiempo pasó, las personas no eran las adecuadas, la escenografía no combinaba o las zapatillas verdes con el chupín violeta quedaban como el carajo, cada uno explíqueselo a si mismo como quiera.

Y a ella ahora le duele, le duele que le cueste, le duele ser tan racional. Le duele toda la emoción posible. Duele la mente retorcida y la emoción pensada; no poder decir en palabras como es el último adiós a ese muerto.
Yo sé, y ella lo sabe también, que en algún momento va a poder reírse, con ella, de ella, y de otros. Sabe, y yo se lo repito, que al principio cuesta. Cuesta tanto como aprender a soportar el dolor de rodilla por un raspón cuando sos chico. En esa época no llorar por una frutillita en la rodilla era casi ser grande, ahora volver a reírse es casi como ser grande también, pero más interno más profundo más abstracto, más demente incluso.
Y así uno va pasando el tiempo y de una manera u otro logra reensamblar esa especie de rompecabezas que es todo.
Así que será cuestión de agarrar la botella por el cuello y colgarse la guitarra e irse de mochilero por algún laberinto interno. Y doblar en cada recodo prestando atención para levantar del piso una pieza del desastre y empezar a rearmar, despacio, pero sin dejar de mirar alrededor. O te van a llevar puesto.

Cuando levantó la cabeza de los brazos y miró alrededor se percató de que se había dormido en la mesa, vio el libro adelante.
-La pucha- pispeó de cote la PC. No le molesto ver que no había cartel naranja titilando- y bue, será que se acabó.
Se preparó un café. Tenía que despertarse o eso no iba a arrancar.
-¿Quién habrá sido el demente al que se le ocurrió sentar como ley nacional que el café te despierta?-masculló- la pucha che.


Desperezada, se acercó a la PC, eliminó al salame y subió el volumen, la música llenó el aire.

Un ritmo de charango la inundó:

(…) “Me llevo el charro, me llevo la guitarra
Me llevo la botella pero no me la llevo a ella”(…)

Pasó la canción antes de que empezara. Kevin y su vozarrón hablaron de nuevo:

(…)”Las cosas no andaban bien, nada me salía,
mi vida era un túnel sin salida, pero...

Desde que te perdí se están enamorando todas de mí
y hasta algunas me quieren convencer
que con ellas podría ser feliz.”(…)

La ironía alegra la vida. Por lo menos la mía.

Estoy buscando llegar al último capítulo de esto.

sábado, 30 de mayo de 2009

Me hacía falta escribir.

Me pasa algo. Estoy cansada. Podrida de todos y de cada uno, sin diferencia de género, sexo o religión. Quizás lo único que pueda agradecerte en estos últimos meses fue haberme desencadenado tanta tormenta interior que me llevo a escribir. Me llevaste a escribir y calmar la tormenta.
Se lo decía a la hoja en un tono calmo. Se lo susurraba a medida que la pluma se deslizaba.
Y si, cada tanto un lagrimón arruinaba la hoja, pero ya no importaba, había demasiado que decir y esa era LA manera.
- Mi elegante manera de mandarte a cagar- dijo con violencia.
Escribía desde hacía años, siempre había disfrutado de narrar historias con interminables descripciones casi lisérgicas donde todo era un viaje sensorial.
-No se, no se porque hago esto- tiró el lápiz y se largo a llorar, desconsoladamente. Lloró. Ese llanto se transformó en algo más parecido a un alarido que raspaba su interior.
Al rato, su respiración volvía a ser rítmica. El dolor en el pecho se desvanecía. La casa seguía sola. Como hacía ya un rato. Elegía esos momentos para escribir. Momentos en los que la angustia podía pasear tranquila, salir a tomar aire antes de volver a refugiarse adentro del cuerpo.
El teléfono arruinó su recuperación, un sobresalto un timbrazo del aparato, otro timbrazo un saltar de la silla.
-Nunca suena el teléfono a esta hora- pensó en voz alta - la pucha.
En un par de zancadas cruzó el departamento.
Se había ganado la posibilidad de participar de un concurso para adjudicarse un…cortó
-Que gilada.
No quiso seguir escribiendo, y salió de su casa.
-Que calorete.
Tenía esa manía de hablar sola. Solía mantener conversaciones completas consigo misma en plena calle o en plena soledad.

Iba tratando de no pensar, cuando algo le recordó a eso que le había afectado un rato antes. Afortunadamente, un relieve en la vereda, y la momentánea sensación de que se partía el alma contra el piso la distrajo. Se rió. Mucho, se rió de ella. Y se dijo:
-Ja, no sabe lo que se pierde.

Le gustaba caminar cuando se sentía así. Nadie molesta, nadie pregunta, a nadie le interesa. Cada uno que camina está solo con su alma. Cada tanto pasa un grupete de individuos que parlotean sobre las vacías cuestiones de la vida, sin escuchar y sin escucharse.
-Si un día nos escucháramos, nos avergonzaríamos de las barrabasadas que decimos- farfulló, quizás demasiado alto. Una vieja estirada se dio vuelta y la miró feo.
Sintió algo mojado en el hombro.
-¡¡Buenísimo!!-dijo mirando para arriba- Encima me voy que tener que quedar encerrada por una neumonía, ¡gracias vida por quererme tanto!
Se rio, le dio tal ataque de risa injustificada que se tragó una gota que de haber caído con peor intención la mataba. Bueno quizás no tanto, pero en esos momentos uno se pone más susceptible a los accidentes.

Supuso que caminar le haría bien pero el goteo la molestaba, estaba fastidiosa, con el autoestima bajo. Tan bajo que Metrovías había decidido suspender el servicio de la línea B por obstrucción en las vías.
Esos momentos, además la ponían metafórica. Sarcástica y metafórica, las risas le salían con sacacorchos, como las frases al gil ese durante el último periodo.
Le molestaba no saber porque había terminando todo así, porque el sueño se había deshecho tan de repente. O porque había negado tanto tiempo que el sueño ya se había acabado.
-¿Cual fue el error? ¿Qué parte no vi? ¿Qué fue lo que invente? ¿Tanto miedo tuve?
Se mete en sus ideas y no se da cuenta de que se largó el diluvio universal a medio cruzar la calle y ahí pasa Noé, en su arca recogiendo animales. Le pasa por al lado, sin hacerle señas para subir.
-Nunca fui una buena creyente. De hecho, nunca fui creyente ergo no tendría que verte- el taxi que recogía un grupo de viejas estiradas ni la miró.
O eso creía, Noé, perdón el taxista le toca bocina
-¡Dale nena! ¡Despertate! – en otras palabras le pide que se apure o le pasa por arriba.
Hizo lo que hace todo buen ciudadano cuando le tienen las borlas rozando el suelo. Nada, seguir cruzando al mismo ritmo y volver a la acción de culparse del fracaso. Y de seguirse mojando…claro está.
-Soy distraída al caminar y eso cuando llueve es complicado, a los tropezones por ineptitud motriz propia se le suman los empujones de tercero. En otras palabras, vivo al filo de la muerte- reflexionó.
Volvió al conflicto que la tenía para atrás.
-Tanto miedo tuve, y ahora siento que tengo más. Siento que no voy a poder sentir de nuevo algo. Siento que lo mejor es resignarse, no estoy hecha para esas cosas.
Un colectivo pasa rápido y levanta una ola de agua, ella la esquiva, y esquiva también el continuar de esa frase.

Empapada entra a su casa. Llena de gente ahora ya que todos habían retornado, nadie nota su mueca. Se cambia de ropa y se mete en la cama.
-No quiero pensar más.
Antes de quedarse dormida se culpo una vez más.
Un trueno resonó afuera tratando de asustarla más de lo que ya estaba, pero era demasiado tarde, estaba fuera del alcance de cualquier miedo y de cualquier frase.
Por ahí fue por eso que se le dibujo una sonrisa en pleno sueño.

jueves, 28 de mayo de 2009

La pucha.

Era la misma ciudad, a mí no me jodan. Eran los mismos paisajes, la misma gente, la misma noche, el mismo día. Sobre todo eso, el mismo día; miro el almanaque: “16 de abril”. Era el mismo día pero veinte años después.
Supongo que, quizás, no era todo tan igual. Autos más modernos, edificios más altos, calles más asfaltadas. Obviamente que no estaba todo igual.
Pero para mí, si. Recorrí la superficie de la mesa con mis dedos, buscando un recuerdo en la textura. Lo hice más por demanda literaria y televisiva que por “motus propio”. Por alguna razón en las películas siempre hacen cosas como esas, pasar un dedo sobre un estante cubierto de polvo y dejar una marca, como sí eso no pudiese hacerlo también con el polvo que se acumula en una repisa de casa que hace mucho no limpio.
Así que lo hice, domesticada por la televisión como estoy lo hice. También me tomé el trabajo de soplar el polvo de la punta de mi dedo y vi llover brillantina cuando por mi soplido el polvo se disoció en mil partículas y comenzó a destellar al atravesar un rayo de sol que se colaba por una mugrienta ventana. ¡Y por supuesto que lo vi con cara de emoción y orgullo como la televisión me había enseñado!: lo había logrado, ya era como ellos, era Solita en su escena de esplendor.
La razón que me llevaba a ese lugar veinte años después no era demasiado cálida, un amigo de la familia había muerto y alguien debía limpiar ese agujero para que la familia pudiera llorar al difunto sin ser devorado por una pelusa en el intento.
-Padre ausente, mujeriego y marido golpeador. Si, es genial para una necrológica en el diario- murmuré en la casa vacía.
Me habían mandado a mí a coordinar la limpieza de la casa. Una mole de cien años en pleno campo en Olavarría. Un caserón inmenso que se levantaba entre hectáreas y hectáreas verdes y amarillas.
Importante productor agropecuario Argentino había sido el primero en plantar girasol en tierra de trigo. Había generado un imperio que contaba, ahora, con una de las más importantes marcas de aceite del país como cliente estrella.
-La pucha- dije en voz alta, al pensar en eso me reí. Me reí porque me pareció el lugar mas indicado para reírme del difunto. Ese viejo cascarrabias que lo único que supo hacer durante los diez años que fui con mis viejos a su campo a pasar el fin de semana fue mirarme el culo.
-Hasta logró que estuviese en la pileta en bermudas- otra vez hablé en voz alta.
Si, ahora era gracioso. Ahora que al viejo lo había venido a buscar el remis de la parca, todo era un recuerdo con sonrisas. Se había infartado estando solo en medio de la nada, mientras recorría sus campos.
-Linda forma de morir. SOLO – siempre en voz alta.
Recorrí los pasillos y cada habitación. Tenía que ver que no hubiese ninguna sorpresa para la limpieza.
-Quizás el abuelo dejo algún tesoro escondido y no queremos que los de limpieza se lo lleven- dije burlonamente.
Para aumentar mi molestia, tenía que buscar una habitación que se encontrara habitable o volverla habitable para pasar la noche. Si. Tenía que pasar la noche en un lugar que no conocía, de un viejo al que no apreciaba y que ya estaba tocando el arpa junto a tanto otros.
-Bueno, esto es casi habitable-dije al ver una de las habitaciones.
Una gran habitación con una cama enorme en el centro del cuarto. Y frente de ella un ropero.
-Igual que en Narnia- me reí, no pude evitarlo.
Cambié las sábanas y recorrí la habitación con la vista.
-Viejo miserable- pensé- ni siquiera podías pagarle a alguien para mantener este piso visitable.
La casa tenía dos pisos; la planta baja, que estaba en perfecto estado de conservación, y la planta alta donde el viejo no subía porque decía que se agitaba en la escalera.
Y yo ahí, en esa maraña de mugre.
-La pucha- repetí.
Bajé a comer, la última de las empleadas en abandonar para siempre la mole me había dejado algo en la cocina. Poca hambre tenía, esa casa siempre me había causado eso. Revise que estuviera todo cerrado y me metí en la cama.
Estaba en ese limbo que es el estar despierto pero muy dormido y algo golpeó contra algo y desconsideradamente me despertó.
Presté atención y entendí que algo golpeaba desde adentro del ropero.
Me levante y le abrí.
Un algo traslucido salió de ahí.
-Argentino, para servirle-dijo la imagen espectral y me tendió la mano.
-Eh, ¿hola?
-Me gustaría saber que hace usted aquí.
-Lo mismo me pregunto yo, sobre usted- nunca fui cortés, lo admito. Menos con los fantasmas que me despiertan a plena noche en un caserón deshabitado
Me miró con cara de horror y desapareció. Lentamente volví a la cama.

El agua de la pileta estaba helada, las bermudas me ajustaban, quería volver a casa. Estaba parada en el borde y vi al viejo pasar al lado mío y mirarme, vi el brillo en los ojos. Y contra todo lo que él esperaba:
-Disculpe, ¿busca algo en mi espalda que no pueda encontrar en su casa?
Me miró ofendido.
Al día siguiente recibí una reprimenda, flor de reprimenda.
Y me reí. Y la reprimenda fue peor. Y casi me cruzan la cara de un bife.
Y me seguí riendo. Y lo miré al viejo y me reí.
Y logré lo que quería. Nunca más volver.
Hasta hoy.

-La pucha- dije en voz alta, al pensar en eso me reí. Me reí porque me pareció el lugar mas indicado para reírme del difunto.

miércoles, 8 de abril de 2009

bu!

LAS DEMáS
Que antiguo me parece
que pidas algo serio de mi
ahora que nos empezo a,
gustar.

Te da miedo enemorarte,
perdida y locamente de mi
sabiendo que tambien
me gustan las demas...

No me da igual
que te sea indiferente.
Ya caeras en mis brazos..

Insegura derrepente
a donde pensas que podes ir?
ahora que nos acercabamos a algo...

No me da igual
que te sea indiferente.
Ya caeras en mis brazos...(x2)

Desconfio que me entiendas de verdad...
Y la verdad es que
te amoooo...

No me da igual
que te sea indiferente.
Y ya caeras en mis brazos.
No me da igual
que te sea indiferente...
Ya daras un pazo en falso.

-Babasónicos-

Odio que digan lo que alguna vez sentí. Lo detesto.
Pero gracias igual.