sábado, 6 de agosto de 2016

A II

No podría haber sido mejor. Inesperado.

Salgo de la habitación, te veo en el pasillo. Estás a apenas a 10 pasos. Me ves. Durante un segundo atino a saludarte.
Por un segundo me acerco.
Creo que di un paso o dos.
Veo que hay más gente al lado tuyo.
No los vi en un primer momento.
Arrugo. Vuelvo sobre mis pasos, miro para atrás. Vos seguís tu camino. Camino detrás de tustedes. Sin decir nada.

Al rato te veo
-Hace un rato me viste y te escondiste.
-No quería molestar.

Saludo al resto de la gente que estaba con vos. Te saludo, última. Te levantás. Me abrazás.
Tomo agua. Antes de irme te doy un beso en la mejilla.

-Chau-te digo-Te quiero.
Me estoy yendo. Saludo a gente que acaba de entrar. Te escucho decirme:
-Yo también te quiero.

Cuando salí al pasillo tenía una sonrisa que, nada de lo difícil que pasó después, logró borrarme.

Aunque, si pudiera elegir, hubiera elegido quedarme en ese abrazo por siempre.


lunes, 27 de junio de 2016

A.

No sabía que me podía pasar.

Alguna vez me asaltó el fantasma, pero creí que era eso, un fantasma. Un miedo normal asociado a múltiples inseguridades.

No puedo contarte que me pasa. No puedo ponerlo en palabras porque tengo la fantasía de que si no lo hablo no se va a convertir en realidad. Si no lo digo va a desaparecer solo. Me voy a curar.

Pero por más que quiera no lo puedo evitar. Me gana la ansiedad, me late rápido el corazón y me tiemblan las rodillas. Al fin y al cabo, se parece a las mil veces anteriores que me paso.

No puedo no mirarte, de lejos.  Sería tan obvia sino, todo el mundo se daría cuenta. Cuando te miro no puedo evitar seguir con los ojos el contorno que de perfil me muestra tu cara. Es como si mis ojos tuvieran un lápiz y voy dibujando el contorno de tu nariz, de tu boca. Tu mentón.

Las líneas de los costados de tus ojos. Los años (que no son muchos más que los míos pero tal vez si fueron más intensos) te dibujaron surcos en la piel. Son finos y te enmarcan los ojos, la boca y la nariz en perfecta simetría. Tenés eso, sos un conjunto de líneas que culminan en la simetría perfecta.

 Te reíste, a carcajadas. Abriste grande la boca. Te reíste desde adentro. Yo me río más por tu risa que por lo alguien había dicho. Hace rato dejé de prestar atención a la conversación.

Mientras tanto el pelo te cae en la cara, impune. A medio controlar.

Siempre me pasa lo mismo y me freno en tu hombro. Te miro hablar. Me fijo en el movimiento de tu mentón.

Me obligo a distraerme cuando por casualidad mirás. Sé que no me miras a mí. Lo tengo claro. Pero aún así me da mucha vergüenza que me descubras mirándote.
Que pensarías si te enteraras que te estoy mirando. Que contengo la respiración cuando por casualidad empezás a hablar y quizás vayas a reclamarme algo. Me gustaría que me reclames que no te miro, que no te hablo. Que no me siento al lado tuyo.

Cuando hablás, algo se me mueve adentro. Lo mismo que se me remueve cuando te veo y dirigís la palabra hacia mí. Cuando encabezas la frase con mi nombre.
Me agarra una presión en el pecho que me asusta no poder controlar.

Me gustás. Me gustás mucho. Me generás unas ganas intensas de encerrarme con vos y no salir nunca más.

Quedarme enredada en vos. Estirar cada minuto para que dure una eternidad. O simplemente perder la noción del tiempo mientras se me corta la respiración. Sentir que la piel no tiene paz. Ni la tuya ni la mía. Que tu corazón me late en el pecho de tan cerca que estamos. Que mis latidos duelen de tan acelerados.

***
Mis ojos acostumbrándose a la penumbra en que se dibuja, entre tanta sombra, el contorno de tu cara.  Te frenás. Me mirás. Y te detenés un segundo. Y yo que quiero escaparme de tu mirada porque siento que te me clavás en los ojos.­­­
Siento que me acaricias la cara y te siento respirarme cerca. Tan cerca que ya no sé si los labios son tuyos o míos. Ya no sé donde termina tu cuerpo y empieza el mío. Los límites parecen tan frágiles. Me murmurás algo. No te escucho. No quiero repreguntarte porque tengo miedo que la respuesta sea que todo eso es un instante y nada más.
Tus manos, las mías. Inquietas buscando. Sin centímetro alguno de la piel que permanezca indemne. Una vez, dos. Tres.
No me interesa lo que pasa afuera.
Frenamos. Apoyo la cabeza en la almohada. Todo me da vueltas. Trato de saber en la penumbra si estas mirándome o no. Por la ventana entra el reflejo de algunas luces.
Tenés media cara iluminada. Veo como me mirás. Trato de sacar la cara de nervios que debo tener. Evidentemente no lo logro porque te reis de mi mueca. Te pido perdón. Te volvés a reír.  Siento que las mejillas se me enrojecen un poco más. Susurras que está bien. Que me porte bien. Me rio. Vos te reís por tercera vez.
Me incorporo, trato de rescatar algo de mi ropa de los costados de la cama. Me tiembla el cuerpo un poco por cansancio y otro poco porque estoy con vos. Igual que cuando te tengo cerca. Y ahora te tengo tan cerca.
No encuentro la ropa. Me preguntas que busco. No te respondo porque siento que me acaricias a espalda. Te lo digo. Te cuento lo fácil que me inhabilitas. Se me anula el pensamiento.
Me recostás al lado tuyo. Te reis. Es mi mueca de nervios otra vez.
Me das un beso. Largo. Profundo. Siento el peso de tu cuerpo arriba mio. Te miro.

Ahora soy yo la que te mira bien de cerca. Te saco el pelo de la cara. Recorro el contorno de tu cara con la mano. Exploro los surcos de tu cara. Te doy un beso. Te recostás al lado mio.
Me dejas que me duerma a tu costado. Sé que en algún momento me abrazaste. Porque sentí como ponías tu brazo alrededor de mi cintura.

***

Hablas, tenés una mueca demasiado seria. Me devolvés a la realidad. Me recordás lo lejos que estás. Me acuerdo porque te miro de lejos. Solo de lejos.
Mientras que lo único en lo que puedo pesar es en lo mucho que me gustas y lo mucho que quiero enredarme en vos.




miércoles, 25 de mayo de 2016

Theo

Theo esperaba el ascensor en el hospital enfundado en una campera y su gorro de lana. Ese gorro seguro se lo tejió la mama. Azul y blanco, bien norteño y bien abrigado.
Lo más probable es que quisiera irse a su casa, a jugar o a mirar tele.
A Theo le gustaba jugar.

El ascensor se abrió.
Theo se mandó con todo el ímpetu, pero mamá lo frenó.
-Subimos -dijo la ascensorista- ahora vengo.
Y Theo no subió.
Mama lo sostenía del hombro.
-Theooo! – se escuchó desde adentro del ascensor. Alguien lo saludaba. Theo no vio que su mama le sonrió a la persona que había exclamado su nombre. Saludó moviendo la manito.

***
Esperaste el ascensor en el 1er piso durante algunos minutos con la abuela que sostenía en brazos a su nieto, después de una ecografía que había resultado completamente normal. No había porque creer que el estudio podía salir mal, pero después de algunas sorpresas habías desarrollado una adrenalina particular.
Ahora, con el resultado normal y las hormonas de stress casi normalizadas, filosofabas en tu cabeza sobre lo mucho que tarda en degradarse el plástico y lo poco que te gusta el amarillo, cuando llego el ascensor.
Subiste con la dupla abuela- nieto.
-Sexto piso – le dijiste a la ascensorista.

Volviste a pensar en cualquier cosa y en lo mucho que querías irte a casa posguardia cuando se abrió la puerta del ascensor y un nene se abalanzo para subir.
-Subimos – dijo la ascensorista.
La mama frenó al nene que atinó a subirse al ascensor que no iba en la dirección adecuada.

Lo miraste.
Esos cachetes y esa mirada te resultaron conocidos. Atinaste a hacer lo de siempre y miraste a la mamá. La reconociste tan rápido que no pudiste controlar tu entusiasmo:
-Theoooo! – dijiste con una sonrisa.
Theo te miro. Te saludo con la manito, poco convencido de saber quién eras vos.
La puerta de ascensor se cerró.

Poco te importó que el resto de los pasajeros del ascensor te miraran.
Los cachetes rojos del frio de Theo, sus ganas de subirse al ascensor, su sonrisa escondida dentro de tanto abrigo y su manito saludándote te alegraron el día.

Y a ecografía también.

viernes, 22 de abril de 2016

Abrazo

Que es esto? ¿Desde cuando te desestabiliza tanto una pelotudez como esta?

Sos mejor que esto. Vales más que una charla. Sos mas linda que un emoticon o que una frase dicha en el momento justo.

Vales por vos misma. No a través de otro que te diga lo importante que sos.

¿Es por lo que paso? ¿Por lo que te dijeron cuando se terminó? ¿Por la cosas que te seguís reprochando?
Empezá a dejarte de joder que la vida es larga para seguir varada en un pavote cagón.

Disfrutá saber que pudiste.

Jugá. Reite. Disfruta lo que haces.

Que si las cosas se dan o no lo vas a descubrir a su momento no ahora. No por 24 hs de ansiedad.

Querete un poco más campeona.

No vale la pena dejarse querer sino te vas a querer vos primero.

No vale la pena conocer a alguien para pasarla mal.

"Si la conexión existe la corriente pasa" diría un electricista. Y las ganas van de uno a otro.
Dale. Tenes desafíos muy grandes que afrontar a futuro que vas a superar con éxito como para desmoronarte por esto.

Yo te quiero Ailu. Haceme caso y querete vos tambien.

Con amor, Ligus.

miércoles, 20 de abril de 2016

Querida morocha:

Podría ponerme a decir lo mucho que te extrañe.
Lo mucho que me hacías falta.
Podría lamentarme por no haber estado ayer con vos.
Podría pelearme con todos esos que te odian o te insultan.
Podría disertar horas sobre porque pasó con vos lo que pasó sin necesidad de hacer un master en economía política.

Pero voy a limitarme a mirar lo que me rodea. Lo asombroso. Lo magnifico.
Levantar la mano y poner los dedos en V.
Porque aun acá, ante paisajes alucinantes, a 3457 msnm sigo sintiéndome parte de este proyecto colectivo.
Será entonces que me sentiré con el corazón un poquito al lado tuyo. Con el pecho grande del orgullo y los ojos llenos de belleza.
Porque la patria es belleza, estar con el otro es belleza. Es amor.
Amor entre tanto odio.
Sos la belleza de la alegría que lleno ayer mas de un corazón espantado entre tanta mezquindad de los que nos quieren entregar con bandeja. Entre tanto traidor.
Nos devolviste la alegría de estar con los otros. Festejar que no estamos solos.
Nos agrupaste. Nos diste directivas y también, porque no, nos cagaste a pedos.
Y volviste.

Volviste para recordarnos que estamos juntos.  Codo a codo.
Siempre. Junto al otro. En la calle.
Defendiendo la belleza. Defendiendo el amor.

Piedra del Molino. Ruta 33. Salta.

domingo, 27 de marzo de 2016

Hoy me enteré que me quiero morir



Hoy me entere que me quiero morir.
Morirme del todo. Entera. Con cada parte del cuerpo.

Me quiero morir pero me quiero  morir de amor.
Sentir como se me llena el cuerpo de esa sensación tan indescriptible que me cierra la garganta y me hincha el pecho, que me llena de retorcijones la panza y me da puntadas detrás de los ojos.

Padecer que me vibre la piel, que se me ponga la piel de gallina cuando me doy cuenta que estás cerca.
Respirar más rápido. Tener miedo que el corazón se me salga del pecho en la mitad del latido y me deje una mancha roja en la remera blanca.

Me entere que me quiero llenar de amor con vos.

Como si fueras el último amor de mi vida en el último día de mi vida.


Y que a vos te pase lo mismo.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Chorros, planes y grietas. Un solo corazón.

Peculiar manera de demostrar grandeza esa de denigrar a los que tenes abajo, al lado, arriba.

Chorros, chorros todos. Chorro él, chorra ella, chorra yo, él.
Chorras todas las personas del singular pero más chorras las del plural, Pero no peores por chorros, peores por plurales, por no singulares.
Chorros por ir en grupo.

Somos muchos los chorros, No nos queda mas que pedirte perdón por chorros plurales. Por estar codo a codo, hombro a hombro. Por no abandonarnos los unos a los otros.
Debo confesar de todos modos que me alegra verte.

Cuando las cosas no salen como esperamos, cuando los cálculos fallan, nada me alegra amas que ver tu rostro alegre, tu tono petulante, tu mirada sobradora, sentir tu pie en mi nuca.
Me envalentonás, me llenas de empuje, de energía. Me recordas que no importa cuanto tarde pero que la victoria la vamos a tener nosotros,

Somos más, somos muchos, somos, sentimos, y vivimos como uno solo.,
Mientas vos ahí, sentadita, despotricas. nos decís chorros, empleados, pelotudos.
Miro a mi costado y veo muchos chorros como yo, muchos rostros, contentos, reflexivos, pensativos, pero nunca tristes.

Y te veo a vos enfrente. Y me acuerdo de tu grieta.
Mientras nosotros cantamos y trabajamos, vos despotricas,
Mientras avanzamos, vos despotricas.
Vos te vas quedando atrás. Despotricas. Nos separas porque para vos no valemos lo mismo.

Te vas quedando solo. Al lado de otros que igual que vos despotrican contra los chorros que tienen al lado.

Pero vos insistís que la grieta la creamos nosotros.

Y los chorros somos nosotros.




¡NO FUE MAGIA!