lunes, 23 de octubre de 2023

Cosas

 Villa del Parque, 03/02/2023


Pasear a Owen, un bulldog francés de casi 6 años, con pocos dientes y mal carácter por la poca socialización, no es de mis tareas favoritas.

Pobre, no es que no disfrute compartir con él esos momentos. Pero, a veces, se vuelve una carga emocional que no puedo manejar.

Los eternos paseos con Owen en los que caminábamos mucho más de una hora sin parar por todo colegiales, Coghlan y Belgrano fueron una de las primeras cosas que me alertaron que algo no andaba bien. La otra fue que la ropa me empezó a quedar inmensa y la gente sentía la libertad de decirme "¿Vos estás mucho más flaca, no?" porque para que solo invadir al otro una vez si podemos hacerlo dos veces al mismo tiempo, no solo marcandote que tu cuerpo antes estaba mal sino que ahora tampoco luce bien. 


De repente no quería parar de moverme. Hasta no estar ambos agotados no emprendemos la vuelta. 


Fue una vez caminando sin poder parar de llorar que llegue a la conclusión de que las cosas estaban fuera de control.


Hoy salí y lloré. Lloré fuerte e intenso. No desenfrenado, sino intenso. como queriendo sacar un montón de cosas de adentro y ponerlas en palabras.

Ahora, sin barbijo es difícil poner en palabras en el medio de la calle. Pero no importó.


Lloré porque te extraño. Porque a pesar de lo que todos digan, sos la persona que quería conmigo. Looré porque me llené de amor y no sirvió de nada.

Porque sentí que todo este dolor me lo merecía, que era mi karma por haber lastimado a alguien más.


Y también porque verte mal me destruye...porque me siento culpable.


Hoy entendí mientras paseaba por el barrio nuevo, tratando de esquivar avenidas muy pobladas, que lo que me impide despedirme de vos es sentirme culpable.

Para empezar todo esto. Por acercarme a vos y desordenar el mundo que tenias armado.

Por el primer mensaje.

Por la primera birra.

Por el primer beso.

Y por el último en el cuello.

Por cada botón de la camisa


Me siento responsable de un descalabro del que se que ambas fuimos parte.


El último encuentro hace una semana me hizo ver que todo lo que sentías estaba ahí. Que no puedes mirarme ni hablarme, sospecho que tampoco dejar de quererme. 

Sin embargo después vino el desplante

Y yo choco con la misma piedra.

Porque sigo pensando que tengo que cuidarte y salvarte de mí o de vos.
Y me olvido por vez un millón de que nada de lo que pasó ahí fue nuevo.
Y me culpo por vez número un millón. 

Y me siento cruel y destructiva por vez número un millón.

Hoy por primera vez entendí que si no te puedo dejar ir es porque me siento culpable.

Y eso no es justo.

martes, 26 de mayo de 2020

Flashes y colores.


flash. 1. Voz inglesa (pron. [flásh])
‘aparato que, mediante un destello, da la luz precisa 
para hacer una fotografía instantánea’.

Hace un tiempo incursioné brevemente en el mundo de la fotografía. Y digo brevemente porque diversos factores sucedieron para dejar esa veta artística de lado. Supongo que a veces eso es ser adulto (podemos abordar mi visión de la adultez en otro momento, imaginarás que es bastante oscura y densa mi opinión al respecto)
Y si no hablo de pasión o de amor por la fotografía no tiene que ver con no sentirlo, sino con que descubrí que hay gente como yo cuya sublimación emocional se parece más, a la demostración algebraica del teorema de Fermat que a un dibujo luminoso en foco y bien expuesto. 
No descarto igualmente ninguna de las dos como camino de expresión en el curso de mi vida.
Volviendo a la fotografía, una de los puntos que siempre me atrajo poderosamente la atención fue el flash. Cómo con un segundo de luz podemos capturar un trozo de realidad que no solo  no se ve sino del cual podríamos hasta plantearnos si realmente existe mientras no haya luz que nos permita verlo.
Creo que está más que claro que se trata de una percepción, más vinculada a lo poético que a lo técnico.

El último tiempo, me asalta una idea cuasi parásita. Me carcome una inquietud. Una duda sobre el futuro y sobre que quiero hacer con la vida que me queda. ¿Dónde quiero ir a depositar mis energías?
Esa idea creció, cómo si nada fuera a detenerla. Cómo una tormenta enorme, intensa.
¿Es el lugar dónde estoy el que quiero?
¿Es el destino que impresiona estar escrito e inmodificable ahí adelante donde realmente quiero llegar?

Ese día me desperté temprano. Nerviosa, ansiosa. Y también aunque me cueste admitirlo algo emocionada. Cuando llegue todo parecía estar igual que antes pero era distinto. 
Entré al codo sorprendida de que la cerradura era la misma que un año atrás. Y sigue funcionando igual de mal. 

Lo que pasó después me pinta de cuerpo entero. Parada en el rinconcito con el habla entrecortada, temblor distal, aumento de la base de sustentación. Rechacé, cómo siempre que estoy nerviosa, toda invitación a comida o infusión.
Me abrieron la cabeza como si fuera una caja y metieron ahí adentro toneladas de información que en otra etapa de mi vida hubiera considerado inmanejable.

Aún en plena pandemia, hay rincones que todavía siguen iguales. Desordenes constantes que se vuelven regulares y esperados. Recorridos, tumultos, encuentros y desencuentros.
Las paredes de colores. Las mesas y las sillas miniatura. El metegol.
El pizarrón blanco. La letra chiquita prolija en azul que relata con horas y minutos un desfile de drogas oncológicas administradas.
Las jeringas siguen en el mismo lugar de siempre. En el último cajon. Al fondo.
Un tropezón no es caída y menos durante una corrida en el pasillo.

Mientras me voy a casa tengo un nudo en la boca del estómago. Un sinfín de sensaciones. La voz se me quiebra un poco. No sé si quiero hablar. Me duele la cabeza y un poco el pecho.
Las paredes se saturan de colores. Como recién pintadas.
Nunca tardé tanto en recorrer ese pasillo en penumbras.
Siento la tormenta en mis oídos,  susurrando un universo de dudas e intrigas.
Los recuerdos iluminan los instantes que se vuelven reales y tangibles. Y las últimas 12 horas me caen encima de repente...y entonces los flashes.
El dia que conocí a C y el día que nos prometimos bonobones, sus regalos de cumpleaños y de su despedida abrupta.
Tambien Ele y romper en llanto en medio del pasillo. Recordé también de las lágrimas que derramamos en esos finales.
También Ese y Te.

Y me acuerdo de Efe, de Eme. De cuando podíamos abrazarnos. Y pienso que si las encontrara rompería toda precaución y las abrazaría, y a sus madres, como hacemos siempre.
Y vuelvo a sentir esa alegría que me estruja el corazón cada vez que la escucho o la leo a Meli del otro lado del teléfono.

Me acuerdo de ser una erre uno asustada, del primer pase. De los comentarios previos. De la ecografia incompleta. De  los pases del horror. Me acuerdo de tener miedo. Me acuerdo de no saber y de querer aprender.
Me acuerdo de decirles a ustedes que no queria volver,  porque dolía todo y mucho.
Y tengo más presente aún, y ahora más que nunca, que ese día te reiste un poco de mí, cómo con ternura, y en tono tranquilo me dijiste que iba a volver. Porque como siempre de alguna forma lo saben todo...

Un rato antes de irme Sofía pegó en mi máscara una estrella. 

Hace mucho tiempo entre los aislamientos me miraba desde el suelo una estrella.
No creo en las señales, pero si en algunos instantes reveladores.
Entonces entendí que tenías razón. Aunque ya lo sabía de antes. Me habías dicho que iba a seguir volviendo. Y lo hice. Volví. Una y mil veces. 
Y aparentemente seguiré volviendo.

Me senté en el auto.
Miré la foto que le saqué al sticker de Sofía. Miré el estacionamiento y arriba las ventanas iluminadas del codo y del rinconcito.
Los flashes, destellos iluminando sombras.

Sonreí mientras pensaba que hace un año quería volver. Y volví. Y espero que sea por un largo tiempo. Algunos nencesitamos, a veces un poco de tiempo en casa.


martes, 28 de mayo de 2019

Quiero, pronto, verte de nuevo rinconcito


Hace 4 días vengo tratando de escribir esta despedida, pero la tengo anudada en el pecho, negándose a salir.
Como si así lograra impedir el final. Como si se pudiera detener poco el tiempo.

Siento que levanto la cabeza y pasaron 4 años. Como si saliera de una cueva, de un mundo subterráneo, de un universo paralelo. Y pasaron 4 años.

4 años intensos, a veces hasta demasiado. Dolorosos, angustiantes, felices y francamente hermosos.
Con payamédicos en los pasillos, reyes magos en las habitaciones. Evoluciones e indicaciones.
Recorridas, achiques y pases. Y el pase del pase y el achique del achique. Y los mil pasesitos de Barby.

Uno se acostumbra, mas o menos rápidamente a que camita 4 pierda la vía, que cama 33 haga fiebre y que en el 4º B un neutropénico afebril abandone la normotermia para clavarnos en el medio el pecho un 37.7 ºC y la duda y los paños y los pinchazos, los gritos que desgarran el silencio en los pasillos, les padres y madres que se niegan a otro intento.
Y la sepsis.
Y la placa que quedó en rayos.

El infiltrado que no aparece porque las defensas no existen. Y el "hemo y retro con recuentos" con su "Pipertazo - Vanco - Amika" que se vuelve liturgia cada posguardia.
Esos pases tenebrosos después de un fin de semana puente de 165 días, los balances que misteriosamente dan positivos, los ojitos hinchados. Las bombas que se apagan y no se prenden. La incógnita de las horas.

Las preguntas. El teléfono que interrumpe el transcurrir nunca calmo de la guardia.
Los posguardias, las conquistas hasta algún momento desconocidas.

Los amigos. Los otros desconocidos hasta ese primer día con los que se camina codo a codo. Los abrazos que son consuelo y los de la alegría. Las sonrisas torcidas y el pelo revuelto.
Los armados, los sábados, los domingos, los habiles que son viernes. Los recuentos. Los problemas de último momento. La sonrisa cómplice.

Mientras tanto afuera transcurre la vida.

Los que nos dejan, porque a esta altura los duelos son colectivos y los que llegan para llenarnos de amor.

Hoy, después de 4 días de intentar escribir esto me toca irme, dejar entre otras cosas el rinconcito del 4º B y a gente que me ha hecho muy feliz (y otra que no tanto...pero no entraré
 en detalle). 


Me voy sabiendo que siempre voy a querer volver, cuando sea mejor, cuando sea más grande y porque no más sabia.

Porque a casa siempre se vuelve. Siempre.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Flores



Che flor se curó.
Si. Se curó. Se va a la casa con las restas por la cintura.

Se va. Vuelve para los controles.

Le vi una sonrisa inmensa.
Y se me escapó un lagrimon de emoción.

Vas a decir que es cualquiera. Que exagero. Pero cuando me abrazaron me dijeron " viste que se curan? La mayoría de las veces es así. Aunque ustedes no lo vean"

Y el día es mucho más lindo ahora que se q ella va a poder disfrutarlo.

Buena vida. Que sea intensa y que sea hermosa Flor. Para siempre.

PD también Eme se transplantó y todo salió bien.

lunes, 27 de noviembre de 2017

No quiero que llevés de mí nada que no te marque



Una nostalgia donde se condensa el rocío, 
Un paso en falso hacia un remolino en el río. 
Cualquier contrasentido hoy cobra sentido 
Y se vuelve dilema para este corazón anhelante 
Que hoy piensa solo en la mitad faltante. 
-Jorge Drexler- 

Hay un montón de cosas que tengo para contar. Hoy no hay iniciales que pelean batallas inmensas en un resquicio del inmenso nosocomio. Iniciales que condensan peleas que te dejarían boquiabierto.

No me alcanzan las palabras para describir los pequeños universos que me rodean.
Nos codeamos con la muerte y el dolor todos los días, todo el tiempo en horario laboral. Y afuera también.
La sensación de impotencia que te invade cuando alrededor tuyo el dolor se expande. En gente que querés y que no querés también.
“Hay dolores que no tendrían que existir”, pensás mientras tratas de redactar un mensaje que no moleste, que transmita tranquilidad, que haga sentir mejor al que lo reciba. Que sea una caricia al menos a la distancia.

Cada uno tiene sus dolores. Algunos pueden expresarlo, otros quizás guardan toneladas de sensaciones, otros inventan tres o cuatro historias que contar mientras ocultan las razonas por las que el insomnio les gana de noche.

Me gustaría saber como hacer para que el dolor no exista más. Por volver a verte feliz. Rebosante de luz. Con una sonrisa grande que hace mucho que no veo y que por momentos temo no verla más.

Me borraría del mapa si eso apaciguara un dolor tan profundo como agudo.
No podría cruzar un mar, ni viajar al espacio.

Pero podría intentar hacer reír a más de un ogro.
Resolvería diez crucigramas y acertijos.
Me rompería el corazón y la frente cien veces contra la pared.
Podría tropezar mil veces con la misma piedra.
Te abrazaría un millón de veces.
Te devolvería la sonrisa aunque requiriera un billón de intentos.

O a menos dejaría el alma en eso.
Y aun así. Aún prometiéndote todos los sacrificios posibles, el dolor va a seguir ahí.

Quiero que pase el tiempo. Que se curen tus heridas. Que no te duela mas el pecho.
Quiero que sigas siendo feliz, aún al lado de alguien más distinto a mí.
Lo no correspondido seguramente lo curará el tiempo. No le tengo miedo a eso.
Siempre y cuando me prometas que vas a ser fuerte, que vas a mirar para adelante pase lo que pase y que no vas a bajar los brazos.

martes, 21 de noviembre de 2017

Ogros, batallas y despedidas.

Cuando me dijeron que Ele había fallecido, sentí que un frío me recorría la espalda. Iba a pasar y lo sabía. Todos los que lo sabíamos esperábamos irremediablemente el día.
Eso no aplaca el dolor. La puntada es igual de intensa.
No quiero pensar en cuando la conocí a Ele. Esa primera noche en el 4B la tengo muy fresca, como si hubiera sido ayer. Sacudo la cabeza tratando de ahuyentar el recuerdo.
No puedo no pensar en Ce, con sus ojos grandes que me muestra sus regalos de cumpleaños.
No puedo no pensar en Rulitos cuando se fue. O en cada uno que nos dejó.

Cuando me llega la noticia me aíslo del mundo, mucha gente hablando a mi alrededor y yo solo quiero una cosa. 
Hoy quiero cerrar todo. Irme a casa. Taparme hasta la cabeza. Salir a la luz del día en un mes o dos. No quiero estar en el hospital. Quiero irme lejos. Volver en el tiempo y decidir otra cosa. Elegir otro mundo. 
Tengo un vacío en el pecho y una puntada en el costado.

Me acerco al rincón buscando algo, quizás un abrazo o una respuesta. 
Las caras en el 4B son largas, estamos pálidos, con los ojos rojos. Las miradas tristes. Los lagrimones nos dejan marcas en la ropa.
Hasta el ogro de algún cuento de princesas, que por alguna razón poco clara deambula por la sala, tenía los ojos enrojecidos.
Sentados alrededor de la mesa nos amuchamos para que el abrazo sea más largo.
El aire se corta, espeso, húmedo. Más de lo habitual
Desde la punta de la mesa una que otra directiva. Pocas palabras. Indicaciones escuetas, queriendo que todo esto termine lo más rápido posible.
Como si se tratara del peor cuento de hadas de la historia, las malas noticias se suceden con una impunidad atroz.
Se murió Ele en el 4B. En el segundo Ben no pudo salir y dijo basta.
LB no deja que nos acerquemos. Está inestable. La sostienen mil goteos. La arrullan mil alarmas. Ci la pelea cerca de ella.
El domingo cumple años LB. Hace meses venía planeando el vestido. Me mostró fotos de las mil opciones que eran posibles.
Ahora, desde el segundo, nos tiene en vilo. Con alarmas por doquier. Inestable. Cada vez que dicen esa palabra siento que se desarma en el aire. Las letras se caen. Abrazo a la mamá en el pasillo.

Pasan las horas, el ogro vuelve al castillo. Desea con toda el alma que el día llegue a su final, porque aunque no lo creamos hasta los ogros necesitan irse a casa a mirar televisión y simular que nada de todo esto está pasando. Aunque sea por un rato.
Dino que aún afebril se deja poner pañitos.

Me rompe un poco el corazón el ogro. Desgarbado, triste. Viendo como lo abandonan algunos de sus mejores compañeros de juegos y aventuras. 
Porque al fin al cabo de eso se trata, de cuidar a guerreras y guerreros en el difícil viaje del día a día. Donde quizás no hay dragones, ni monstruos de mil cabezas que vencer con escudo y espada. 
Tal vez no haya damiselas en peligro ni furiosos corceles. 
Pero hay fiebres, pinchazos, neutropenias, bacilos, cocos, dolores de panza y de cabeza. Catéteres que se infectan, que se rompen. 
No hay lagartos gigantes que lanzan fuego por la boca. 
Hay nenes que miden menos de un metro de altura, que tienen peleas todos los días que harían sonrojar al más bravío de los caballeros de la mesa redonda.

Al final del día no nos queda más que despedirnos. Ese día todo cuesta un poco más-
Ahora Ele ya no está. Chiquita testaruda. Anda, viaja tranquila. Donde sea que vayas, nosotros acá nos vamos a acordar de vos siempre. 
De alguna forma nos hiciste mejores personas. 

Como cada una de esas caritas en el rincón del 4B.


jueves, 5 de octubre de 2017

Progresión


Hace unos días se reinternó Ele.
No puedo negar que no sentí que había algo de ironía poética en la situación.

Pasaron ya varios días hasta que pude sentarme a escribir y, aún ahora me cuesta, poner en palabras algo de todo esto.

Quizás logré apaciguar el sentimiento, que se exacerba con la falta de sueño y que aplaca a medida que pasan los días.

Ella esta en progresión de enfermedad. Se me vuelve muy difícil explicar que es eso en español. A veces cuesta aceptar que ese es el panorama. Que nos queda acompañar.
Estuvo con fiebre nueve horas Ele. Nueve. Fiebre alta. Muy.
Pocas cosas me generan más ansiedad que la fiebre. En cualquier rincón. Siempre es la fiebre.
La fiebre se mantuvo por unos días y después se fue.
El ojo hinchado decidió achicarse, obligado también por la medicación.

Una par de días después la vi sentada. Erguida. Tranquila. Creo que ella sabe mejor que nosotros que es lo que va a pasar. Igual que sus papás. 
 La enfermedad seguirá su curso pero Ele pudo irse a casa a jugar con sus mascotas.Y eso es lo único que debería importar.