Teresa Parodi en FB:
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Una vez más tu coraje nos deja boquiabiertos, Cristina
Dejame tutearte como te tutea el pueblo
Dejame hablarte de ese amor que me piden que te diga por las calles de los pueblos pequeños y grandes a los que llego con mi canto
Estamos "amuchados" queriendo acompañarte con toda la fuerza de que somos capaces y más
Sé que los tuyos, los más tuyos es decir tus hijos, tu familia toda y tus amigos más cercanos te estarán sosteniendo, cuidando y apoyando como nadie y nunca, pero quería escribirte desde este espacio virtual en el que parecemos estar para siempre conectados que estamos pensándote con lo más bueno del corazón desde todos los rincones de la patria nuestra y de la patria grande
Porque valés mucho, porque sos amorosamente necesaria, porque te debemos tanto, porque nunca nos traicionaste, ni nos mentiste, ni nos olvidaste, ni nos dejaste solos como nos han mentido y defraudado y humillado y olvidado deliberadamente tantos y tantas, como te gusta aclarar a vos
Un abrazo fuerte y plural para ese dia y para los otros que vendrán
Una correntada de amor multiplicado para ese instante y los que sean necesarios
Un sin fin de manos levantadas para que sepas que ahi estamos
Una arremetida de buenos sentimientos y ganas y esperanza para el aguante, compañera
Y una canción infinita para recibirte cuando estés de regreso como siempre: única y nuestra!!
Teresa
lunes, 2 de enero de 2012
F, el rockero VI
A destiempo
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Deberías repensar tu amor por F.e.R porque definitivamente atenta, ya no solo contra tu estabilidad mental sino que también atenta contra tus intenciones de conservar la dignidad.
Estás a un paso de hacer el mayor ridículo de tu existencia y no parece importarte demasiado...AHORA. En 20 minutos vas a querer ser velozmente devorada por una manada de pumas hambrientos.
Claro, AHORA no te importa, por lo que tratando de no llevarte nada por delante y buscando simular un seguro andar, vas hacia donde está él.Como si fuera lo menos premeditado del mundo. No es como si lo hubieras estado graneando los últimos 89 minutos y 30 segundos. Seguís caminando los 40 pasos más cardiológicamente contraindicados de tu escasa, breve e inexperta existencia. Te retumba una melodía en la cabeza. Tratas de identificarla porque claramente no es la que se escucha afuera.
De repente entendés todo.
Te das cuenta de que él no está solo ahí, a 40 pasos.
No es solo el sujeto de porte intempestivo, tormentoso.
El tipo de espíritu huracanado, no esta solo ahí parado
Te das cuenta que vive en tu cabeza, que hace ya tiempo que se instaló, ahí, cada palabra, cada nota, cada inflexión cada cambio de tono, cada temblor y cada aseveración.
Entonces lo mirás, pero no lo vez, porque estás enfrente de él pero sin hacer otra cosa más que escucharlo en tu cabeza.
Algo te saca de tu trance y lo mirás fijo. Lo suficientemente fijo como para lograr que escuche lo que vos escuchás.
Él te mira.
Abrís la boca para decir “Hola” y sentís que mover el aire para decirlo te lleva 100 años y toda tu energía vital...y él te contesta:
-Che ¿compramos una cerveza?-pregunta tu amiga
-....Eh?!
-Que si compro una cerveza y la compartimos.
-Ah...si...bueno.
Ves como la rubia, a la que con tu amiga habían defenestrado hacia solo 3 minutos, se acerca y lo saluda.
Le dice algo al oído. Se ríen.
Te pasó de nuevo. De nuevo quisiste ser valiente, animarte y tomaste la decisión de hacerlo pero te faltó caminar los 40 pasos y envejecer ese siglo al intentar decir únicamente “Hola”.
Ese “hola” que ahora murmurás mirando el suelo; triste y frustrada pateás el piso y te alejás para perder a F.e.R de vista.
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Deberías repensar tu amor por F.e.R porque definitivamente atenta, ya no solo contra tu estabilidad mental sino que también atenta contra tus intenciones de conservar la dignidad.
Estás a un paso de hacer el mayor ridículo de tu existencia y no parece importarte demasiado...AHORA. En 20 minutos vas a querer ser velozmente devorada por una manada de pumas hambrientos.
Claro, AHORA no te importa, por lo que tratando de no llevarte nada por delante y buscando simular un seguro andar, vas hacia donde está él.Como si fuera lo menos premeditado del mundo. No es como si lo hubieras estado graneando los últimos 89 minutos y 30 segundos. Seguís caminando los 40 pasos más cardiológicamente contraindicados de tu escasa, breve e inexperta existencia. Te retumba una melodía en la cabeza. Tratas de identificarla porque claramente no es la que se escucha afuera.
De repente entendés todo.
Te das cuenta de que él no está solo ahí, a 40 pasos.
No es solo el sujeto de porte intempestivo, tormentoso.
El tipo de espíritu huracanado, no esta solo ahí parado
Te das cuenta que vive en tu cabeza, que hace ya tiempo que se instaló, ahí, cada palabra, cada nota, cada inflexión cada cambio de tono, cada temblor y cada aseveración.
Entonces lo mirás, pero no lo vez, porque estás enfrente de él pero sin hacer otra cosa más que escucharlo en tu cabeza.
Algo te saca de tu trance y lo mirás fijo. Lo suficientemente fijo como para lograr que escuche lo que vos escuchás.
Él te mira.
Abrís la boca para decir “Hola” y sentís que mover el aire para decirlo te lleva 100 años y toda tu energía vital...y él te contesta:
-Che ¿compramos una cerveza?-pregunta tu amiga
-....Eh?!
-Que si compro una cerveza y la compartimos.
-Ah...si...bueno.
Ves como la rubia, a la que con tu amiga habían defenestrado hacia solo 3 minutos, se acerca y lo saluda.
Le dice algo al oído. Se ríen.
Te pasó de nuevo. De nuevo quisiste ser valiente, animarte y tomaste la decisión de hacerlo pero te faltó caminar los 40 pasos y envejecer ese siglo al intentar decir únicamente “Hola”.
Ese “hola” que ahora murmurás mirando el suelo; triste y frustrada pateás el piso y te alejás para perder a F.e.R de vista.
F, el rockero V
Te quedó titilando esa idea cuando te llevó a tu casa en auto.
Se despidieron amistosamente y vos entraste a tu casa.
Entonces te cae la ficha.
Y ahí nomás en el pasillo largaste una puteada intensa y ofendida.
Visceral.
“La próxima vez que te vea” pensaste, “todo va a ser distinto”.
Se despidieron amistosamente y vos entraste a tu casa.
Entonces te cae la ficha.
Y ahí nomás en el pasillo largaste una puteada intensa y ofendida.
Visceral.
“La próxima vez que te vea” pensaste, “todo va a ser distinto”.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Larga Vida
Sos uno de esos que permanecen palpitando en la piel mucho tiempo.
Uno de esos que duelen en el pecho.
Y destruyen mi estabilidad mental.
Uno de esos que duelen en el pecho.
Y destruyen mi estabilidad mental.
lunes, 28 de noviembre de 2011
Despedida de Valentín parte I
Lo que pasa Valentín es que vos no entendés nada.
No entendés mi manera de mirar, mi manera de hablarte, de esperarte.
No entendés mi cadencia al irme, ni al tararear.
No entendés lo mucho que te extraño Valentín.
La falta que me hacés.
Lo mucho que extraño verme reflejada en tus ojos.
Me cansé de tu miedo, de tu hipocresía.
De vender mi alma al mejor postor para verte sonreír.
Me cansé de que no puedas darme nada a cambio.
De que ni siquiera te esmeres por darme algo.
No va más la boluda que te hace la segunda en días oscuros.
Ya no tengo guardado para vos ese abrazo necesario ni la palabra justa.
Ya no puedo.
No puedo seguir deseándote así, esperando predecir tu próximo movimiento.
Ya no puedo seguir en la interminable espera de que te desvivas por un beso mío, por una caricia, por un estar cerca. Intensamente cerca. Interminablemente cerca.
No hay ya deseos que involucren a mi piel. Ya no me arde la piel cuando te pienso. Ni cuando te espero.
No puedo seguir esperando que te desvivas por mí, por más maravillosamente perfecto que seas. Por más hermoso, dulce y enternecedor seas.
Te ganó el miedo, incluso para decir que no querías nada. Y ser coherente con eso.
Te ganó el orgullo porque ni siquiera pudiste hacerme a un lado. Permaneciste ahí, usándome. Me quedé estancada ahí, dejándome usar, Valentín.
Sigo acá escribiéndote. Buscando sacarte de la piel. De la mente. De la fantasía de los besos y las cosas que nunca fueron.
Busco arrancarte del pecho y de la cabeza.
Me cuesta Valentín. Me cuesta horrores.
Me cuesta que no seas nada de todo eso.
Me cuesta haberme equivocado de nuevo.
Otra vez.
Me cuesta ver el futuro nítido y brillante.
Pero no puedo más que dejarte atrás y seguir.
Seguir buscando donde, alguien, pueda, al menos, corresponder a la palabra justa en el momento justo.
Chau Valentín. Chau hermosura. Me voy a buscar aire fresco. Aire nuevo.
No entendés mi manera de mirar, mi manera de hablarte, de esperarte.
No entendés mi cadencia al irme, ni al tararear.
No entendés lo mucho que te extraño Valentín.
La falta que me hacés.
Lo mucho que extraño verme reflejada en tus ojos.
Me cansé de tu miedo, de tu hipocresía.
De vender mi alma al mejor postor para verte sonreír.
Me cansé de que no puedas darme nada a cambio.
De que ni siquiera te esmeres por darme algo.
No va más la boluda que te hace la segunda en días oscuros.
Ya no tengo guardado para vos ese abrazo necesario ni la palabra justa.
Ya no puedo.
No puedo seguir deseándote así, esperando predecir tu próximo movimiento.
Ya no puedo seguir en la interminable espera de que te desvivas por un beso mío, por una caricia, por un estar cerca. Intensamente cerca. Interminablemente cerca.
No hay ya deseos que involucren a mi piel. Ya no me arde la piel cuando te pienso. Ni cuando te espero.
No puedo seguir esperando que te desvivas por mí, por más maravillosamente perfecto que seas. Por más hermoso, dulce y enternecedor seas.
Te ganó el miedo, incluso para decir que no querías nada. Y ser coherente con eso.
Te ganó el orgullo porque ni siquiera pudiste hacerme a un lado. Permaneciste ahí, usándome. Me quedé estancada ahí, dejándome usar, Valentín.
Sigo acá escribiéndote. Buscando sacarte de la piel. De la mente. De la fantasía de los besos y las cosas que nunca fueron.
Busco arrancarte del pecho y de la cabeza.
Me cuesta Valentín. Me cuesta horrores.
Me cuesta que no seas nada de todo eso.
Me cuesta haberme equivocado de nuevo.
Otra vez.
Me cuesta ver el futuro nítido y brillante.
Pero no puedo más que dejarte atrás y seguir.
Seguir buscando donde, alguien, pueda, al menos, corresponder a la palabra justa en el momento justo.
Chau Valentín. Chau hermosura. Me voy a buscar aire fresco. Aire nuevo.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Cancionero
Esta es la canción de Valentín.
Y eso es TAN bizarro.
EL PUPILO
───────
Ha corrido un siglo aparte
desde la vez que te observé
intimamente, poco decente
Como para conformarme con un beso
sólo de esos que a vos más te cuesta dar
que guardás para tus socios
socios de tu corazón
Me declaro culpable
de todo ahora en más
de donde no estaba
de donde me fui
de lo que nunca seré
He pagado un gran peaje
para poderte convencer
integrament, tan imprudente
Como para acercarme a tu secreto
justo eso que vos no querés mostrar
que enseñas a tus devotos
hoy tu acólitosoy yo
Vení anotate a la escuela de mis besos
es sólo eso lo que tenés que probar.
-Babasónicos-
jueves, 17 de noviembre de 2011
Sacudones
Venía a los tropezones Valentín. Las veredas de Buenos Aires no son aptas para los que no miran donde pisan. Además Valentín es de esos que no levantan los pies.
Tiene el alma condensada, concentrada en un punto. Los ojos húmedos le borronean la vista, las piernas le fallan...y están los pozos.
Cada pozo hace que Valentín se sacuda, esa sensación de comerse un escalón se multiplica por mil.
Cada paso es un sacudón.
Uno, dos, tres sacudones.
Un paso firme.
Uno, dos, tres sacudones.
Un paso firme.
Y así...
La repetición se vuelve un vicio peligroso. Sacudones. Tanto se sacude Valentín que empieza a correr el riesgo de empezar a tolerar los choques contra la misma pared antes de encontrar desafíos nuevos.
El viento te sopla en la cara. Vos también te sacudís. Te sacudís en tu entereza etérea, en tus ojos limpios. Ilusos. Inocentes. Tu sonrisa se dibuja escondida, vergonzosa. Pero se asoma. El viento sopla la cara y vos le sonreís a cara abierta, sonrisa enorme y ojos felices.
Y mientras Valentín se tropieza, se cae, se levanta y aprende a caminar...
Y acá estás vos. Detenida en la circunstancia de que a Valentín no le importa realmente que vos estés siquiera en el mismo recuadro cartográfico.
Y ahí seguís vos, dándole la mano para que se levante una y otra vez mientras vos no te animas siquiera a dar tu primer paso.
Oficialmente se confirma que tenés que revisar tus prioridades.
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