jueves, 5 de octubre de 2017

Progresión


Hace unos días se reinternó Ele.
No puedo negar que no sentí que había algo de ironía poética en la situación.

Pasaron ya varios días hasta que pude sentarme a escribir y, aún ahora me cuesta, poner en palabras algo de todo esto.

Quizás logré apaciguar el sentimiento, que se exacerba con la falta de sueño y que aplaca a medida que pasan los días.

Ella esta en progresión de enfermedad. Se me vuelve muy difícil explicar que es eso en español. A veces cuesta aceptar que ese es el panorama. Que nos queda acompañar.
Estuvo con fiebre nueve horas Ele. Nueve. Fiebre alta. Muy.
Pocas cosas me generan más ansiedad que la fiebre. En cualquier rincón. Siempre es la fiebre.
La fiebre se mantuvo por unos días y después se fue.
El ojo hinchado decidió achicarse, obligado también por la medicación.

Una par de días después la vi sentada. Erguida. Tranquila. Creo que ella sabe mejor que nosotros que es lo que va a pasar. Igual que sus papás. 
 La enfermedad seguirá su curso pero Ele pudo irse a casa a jugar con sus mascotas.Y eso es lo único que debería importar.

domingo, 6 de agosto de 2017

A VII: Administrativos y cosquillas.

Lm me pide que vaya con él. Le digo que no puedo, porque tengo que cuidar a los otros nenes, pero que sea valiente y que a la vuelta quiero saber todo del viaje en nave espacial.
Mientras tanto, el mundo adulto que no sabe de emociones y viajes al espacio se desenvuelve con la crueldad de todos los días y me seca el alma- un poquito más- por vez número mil.
Cuando Lm vuelve, tu mundo es un poco más adulto. Te diste cuenta de que los hijos de puta no entienden de hambre ni de ayunos. Lm se come un alfajor. Eso le mejora el día.
Sigue un poco enojado porque no fuiste, pero el alfajor y las gomitas de premio, más un poco de cosquillas van resolviendo el asunto.
En el mundo adulto, las cosas no van tan bien. Tus ganar de llegar a las manos con los administrativos de la OS llegan a tope.
Son esos días los que te sacan las ganas de volver. Te hacen perder un poco la fe en la humanidad. Todo fluye en torno de papeles que va y que vienen. El pedido, el contra pedido, la respuesta y la apelación. Papeles que no le resuelven la vida a nadie.
La mamá de enfrente te pide por favor que completes con letra clara y solo lo que ellos te piden, que no cambies de birome y que no tengas los cordones desatados cuando escribas porque sino cuando vayan a entregarlo los van a hacer volver para que les salves que estabas con los cordones desatados.
Y yo te juro, por lo que más quieras, que tenía los cordones atados. Y la birome era negra. Y eran las sietecuarentaytres. Justo como te lo escribí.
Entendí, entre tanto papel, que a ellos les importa poco y nada y que no voy a regalarle mi salud mental en una bandeja a esos papeludos de quinta.
Prefiero quedarme en el pasillo viendo como después de dos meses Lm patea un globo o se pierde mirando por la ventana.

***
Toda la vida padecí de extrema sensibilidad a las cosquillas.
Al mínimo intento empiezo a retorcerme como si no hubiera un mañana. En agonía continua, pierdo la noción de como respirar, mientras me ahogo en una carcajada desesperada.
Grito, mucho. No puedo no reírme salvajemente al mismo tiempo que exijo piedad.

¿Te acordás que te dije que estaba tratando de no pensarte?
En eso estoy todavía. Cada tanto me agarras distraída y me haces temblar el mundo.
El resto del tiempo no te pienso y me dejo sorprender.

Y me sorprendí escribiendole esto a alguien más:
"De repente, las cosquillas.
En la boca del estómago, alrededor del ombligo. Atrás de las orejas.
No me acuerdo cuanto hace que no sentía esas cosquillas.
Me pasa que me invaden cuando hablamos y tengo que hacer muchísimo esfuerzo para que no se note. Para que el resto no se dé cuenta. 
No puedo no pensar que sos lo lindo y bueno que quiero que me pase.
Una especie de permiso de felicidad entre tanta vorágine de cada día. Una especie de rincón de dulzura entre tanta burocracia gélida y organizada.

Y los días siguen siendo esto. El intercalar impiadoso de los administrativos de siempre, la sonrisa de los nenes, las idas y venidas. Y nuestros propios amores y dolores que no entienden de horarios de trabajo, ni de prioridades.
Y mientras alguien hace fiebre, alguien se va de alta, alguien se interna, alguien se pelea, alguien se enamora, alguien te llena de papeles y te pide por favor que para el estudio el paciente vaya en un caballo volador violeta. No azul, no lila, no celeste. Violeta. No rojo.
Para rojas están mis mejillas cada tanto, cuando te veo."




domingo, 30 de julio de 2017

Agitados lunes voladores


Debe ser la sobrecarga lo que a unos les produce hipertensión y a otros, ganas de salir corriendo.

Me pasa que se me mezclan las emociones. Se me anudan en el pecho y se empieza a complicar resolverlo.
Tengo un lio importante, un nudo en la boca del estómago.
No es ya ser el R3, porque se trata en última instancia de adaptarse a que hay otro que tiene que aprender a corretear y a vos te toca simular que te sentás a tomar mate y conversar cuando en realidad en tu cabeza, un mecanismo de ingeniería- para todos los pendientes- trabaja sin cesar.

Y querés que se haga todo. TODO.

***

Caminé por el pasillo. Saludé a gente en ese pasillo que en su momento había sido necesaria.
Seguí caminando y me corrió un escalofrío.

Me acordé de Ce. Justo me vengo a acordar el día que soy una piltrafa de angustia.
Justo ese día se me viene a la cabeza Ce.
Se estruja el pecho fuerte.

Hay que tomar mucho aire para no salir corriendo.

En todo ese remolino te me apareces casi como una imagen recurrente.
Como si un abrazo tuyo fuera a resolver todos los problemas. A sacarme todo el dolor acumulado.


Vuelvo. Trato de pasar desapercibida.
Alguien me da consejos como si no se diera cuenta, pero sé que si. O creo que si.
Mientras escucho me quedó en silencio. Se que se me rompería la voz en mil pedazos si trato de emitir sonido.


Asiento con la cabeza. Miro el suelo.
Me desbordo. Por dentro.

Cada vez que te miro me desbordo. Me desbordo porque solamente puedo mirarte y nada más. Me invade un sentimiento de amor tan profundo como terrible.


Decidí que voy a llamarte para festejar el día que ya no te necesite más.

***

Te llama la enfermera, camita 8 esta agitado. Corriste toda la mañana con camita 8. Te dicen que por ahora no puede bajar al segundo. Se calma. Deja de respirar tan rápido. Parece que para la neumonía estar a upa de papá es el tratamiento más efectivo.

Son las 9 de la noche y seguís ahí. Entra alguien que te dice que camita 8...
La madre llora a mares mientras el bebé respira con frecuencias incontables.
Es así el invierno. Todos los inviernos.
Haces lo que sabes hacer. Ponés, sacás, subís, bajas. Le decís a los de guardia que ...

***

La idea de la birra el lunes no parecía tan mala. El día te había agobiado, pero también envalentonado. Fuiste.

Después de haberte pasado el día corriendo por camita 8 decidís que era una buena idea. Qué hizo que en tu mente fuera una buena idea ir a tomar una birra habiendo amanecido a las 5 de la mañana nunca lo sabremos, pero fuiste.
Empezaste a pensar que quizás cuando el encuentro ocurriera nada iba a ser como esperaban. Te mentalizaste.
Después esperar 5,10,12 minutos que fueron una eternidad hasta que lo ves.

Me tomé la cerveza con el estómago vacío.
Entonces me di cuenta de que no podía dejar de rascarme la nariz, de mirar para todos lados. Tenía el lenguaje corporal de alguien incómodo.

Nos despedimos y cada uno salió corriendo para el lado contrario o quizás yo salí corriendo para el lado contrario y por ahí él se quedó mirándome irme para el lado contrario con la capucha puesta por una calle lateral en penumbras.

Varios días después sigo pensando que en quizás no fue buena idea la birra un lunes pero es un paso más en el arduo proceso de alejarme de a poco del amor que siento por vos.




martes, 20 de junio de 2017

Monigote y bonobon

Un día fui R3. Podría hablar largo y tendido de las dudas que me genera que me hayan dejado llegar y reírnos un rato.
Es casi un espectáculo de stand Up.

Pero como siempre, escribo una catarsis de postguardia. Porque me dijeron que lo mejor es sacarse todo esto de adentro para no lastimarse con tanta cosa guardada. Y creo que tienen mucha razón.

Hice la primera guardia del año ¿lectivo? con pibes que me van a padecer casi maternalmente todo su erreunato.
Después de una guardia con todos los pormenores (y pormayores) de una primera vez terminé, entre chicanas de horario y de chombas, en medio de un festejo de cumpleaños de algún interno que llevo palmeritas al pase.

Hace mucho cuando era R1 conocí a Mb. Entre tanta criatura de 4 años ella sobresalía por tener 18.
Nos llevábamos bien. 
Después de un tiempo no se internó más.
La mamá me contó, un día aleatorio en el pasillo, que había salido bien el trasplante.
El día que Ele se descompensó, Ale me había contado que cambiada que estaba Mb. Con novio, trabajo, proyectos.

Ese día de la primera guardia o, más bien, ese primer postguardia de R3 me encontró en el pasillo.
Escuche mi nombre y de repente tenía a Mb enfrente.
Hablamos. Su mamá me abrazo fuerte.
Mb me preguntó que iba a hacer después de la residencia.
Le dije que lo que quería hacer era …
Se empezó a reír y, me recordó, como de R1 le había dicho…
Evocó una charla que tuvimos una tarde ,en medio de una recorrida de sala hace más de un año. Yo recién tenía 5 meses de R1 y quería salir corriendo.
Me miraba riéndose. Creo que le dije mil veces lo feliz que me hacía verla. 
El postguardia me pone repetitiva,

En un lugar tan mostruoso como este, uno se encuentra todo el tiempo con gente. Algunos son solo saludos al pasar. Otros no. Otros ameritan parar, mirar, saludar, abrazar, gritar exclamar o simplemente correrse a costado del pasillo y esbozar un ¿Cómo está…?

***
Pasan los días. Una semana. 
Te llega la noticia.

Ce, se fue hoy. 
Tenía 7.
Los cumplió hace poco. Hacia 72 hs nomás.
Tenía 7 años y tres días.
Ce tenía una sonrisa que le achinaba los ojos enormes.
 Lloraba si le decías que no podía comer gomitas, pero aceptaba después de arduas negociaciones.
“Si la leche pasa y si no te duele la panza podés comerte dos” le decía, “de los colores que más te gusten".
Y ella aceptaba. Me decía “Si” moviendo la cabeza y sonriéndose mucho. 
Seguramente después no eran dos y eran 8. Pero si la panza no dolía…
Tenía un hermanito que ahora cumplió 3 meses. Y  otro hermano que entraba al consultorio en los controles de Ce.

Cuando la conocí tenía el pelo largo. Muy largo, y había llorado un poco cuando la abuela se lo había cortado.
Hablamos de que el pelo crece. Pero Ce en ese momento apenas entendía que pasaba.

Estuvo grave mil veces. Fui a cuidarla con fiebre muchas veces. Jugamos a abrazar al bebé de juguete cuando tuvimos que sacar la vía central.

La última vez que la vi, me asomé por la ventana y pensé que dormía. Se ve que no. La mamá salió y me dijo que pasara, Ce quería mostrarme todo lo que le habían regalado.
Había cumplido 7 hacia dos días. Nos prometimos los bonobones cuando se sintiera mejor.
Cuando me fui le di un beso. 
Volví más tarde cuando la preparaban para bajar al segundo.

Cuando me dijeron lo que había pasado, en la salita se frenó el mundo .
El bizcochuelo de cumpleaños de Andy, el mate, los catarros, la varicela. Todo quedó en segundo plano por un par de minutos.

Cuando volvimos al hospital ese día, fui a buscar ese abrazo que me había reconfortado con Ele. 
Lo encontré. 
Creo que fue más una devolución.
O no.
O será que uno sabe dónde ir en estos momentos.
O será que lo que permite superarlos es tener un lugar donde ir. 
O será que ese rincón que siempre es el rincón.

Mientras tanto a dos habitaciones de distancia Ele se iba de alta.
Be también y estoy segura que espera ansiosa volver a patinar.


Entonces de a poco vas aprendiendo que el dolor se intercala con esas alegrías. Esas buenas noticias, y esos encuentros de pasillo. Esos dibujos o cartas que te regalan, desde donde te saludan monigotes de piernas largas que sonríen todo el tiempo. Esos abrazos de despedida porque se van con el alta o ese chocar los cinco porque no hubo fiebre y el alta esta más cerca. O la manito que te saluda desde la escalera rumbo a la salida porque ya nos vamos a casa.

Y te das cuenta que mientras Ce te duele, algún otro está sacándole punta al lápiz rojo para darle vida al próximo monigote que te va sacar una sonrisa.

Y te juro que cuando todo es una mierda, ese monigote, ese saludo en el pasillo o chocar los cinco es todo lo que necesitas para no perder de vista porque volvés todos los días.




domingo, 14 de mayo de 2017

Debuts, despedidas y recaidas.

Arco iris en el 4ºB
La madre de Be me cuenta que le gusta patinar. Que no se queda quieta en casa. Que hace de todo. Que esta triste porque ahora no puede. No se puede golpear. "Los hematomas" me dice "No puede tener hematomas."
Be tiene una enfermedad de buen pronóstico. Se puede curar. Solamente tiene que pasar los primeros 30 días. Solamente 30 días. Lo decimos como si fuera la nada misma.
Ella sigue internada. Ahora que se siente un poco mejor y que se extinguieron algunos dolores, se animó a salir a pintar al pasillo. La vi sonreír por primera vez en días. Le saqué la lengua y se le achinaron un poco los ojos. Por su sonrisa. Por primera vez en días. Y No por dolor.

Voy apurada por el pasillo. Sorprendida de que todo lo que podía salir mal saliera mal y que lo que tenía que salir bien saliera mal también.
Camino sabiendo que voy a ciegas a una interconsulta. Voy porque me queda de paso. Para poder decir que traté.
Una madre se me cruza. Se ríe. Me pregunta como estoy. Le pido disculpas. La pregunto como está Eme. Me dice que bien.
Nos despedimos. Eme me llama la atención. En el pasillo. Atina a abrazarme. Me alegró de verla. Veo que el descanso le hizo bien. Estar sin nosotros un tiempo le hizo bien. Probablemente en unos días se interna de nuevo para seguir el tratamiento por vez número mil. Pero creo que de verdad le hizo bien.

Ese me mira. Siempre su primera mirada es de ceño fruncido. Ahora me dice "Hola" y "Buenas noches". Vive al borde de la fiebre.
Tiene curitas de Cars de a 5 en los brazos. Dice que todos son pinchazos. Yo no se si le creo pero le digo que si. Que él es re valiente que se aguanta estoico los pinchazos. La mamá de Ese tiene 22 y aguanta estoica los días de internación que imagino que duran una eternidad. Y que quizás sea la primera de muchas.
Ese habla todo el tiempo de comida. Le gusta la manteca y se duerme con la mamadera en la boca.

Ele se interno muchas veces ya. Hace poco le dieron la noticia de que la enfermedad volvió. Esta triste. No come. Duerme. No se resiste a nada.
Un médico le dice que entiende que está triste pero que tiene que pelear. Enojarse. Ponerle garra a lo que está pasando. Enfrentarlo.Sino va a ser muy largo. Más largo de lo que de por si ya es.
Me voy de la habitación. Se me están humedeciendo los ojos.
El sábado Ele tiene fiebre. Mucha. Se enoja. Llora cuando le digo que la tengo que pinchar.
Le digo que ella sabe que es por su bien. Que se que duele. Que se que es una mierda. Que mamá está con ella. Y toda una sarta de boludeces que ella no escucha. Y tiene razón en no escuchar supongo.
Ele la dice a la mamá que se quiere morir. Que no da más. La abraza tan fuerte que creo que perdí noción de donde empezaba Ele y donde empezaba la mamá.
La madre de Ele la consuela. Pasan los pinchazos. Al rato me asomo. Ele esta acurrucada con la madre. La veo reírse.

Ele termina visitándome en sueños. Sueño con ella. Con su llanto. Ele se me muere en el sueño. Y la pesadilla se repite una y otra vez durante el poco tiempo que duermo.

Estás a minutos de irte y Ale entra. Te Dice que Ele está fea. En un Minuto estás en la habitación. La revisan. Llegan los de la guardia. Los dejas con ella y salís al pasillo. Te quebrás. Siempre que pasan estas cosas tendés a que la angustia te desborde
Ahora en frío pensar que quizás son los últimos destellos de empatía y humanidad que te pueden brotar entre tanta cosa que vez todos los días.
Ele no aguanta.
Baja.

Empieza esa temporada en la que la.vida depende de goteos. Muchos goteos. Mil goteos.
Goteo para estar dormido. Goteo para mantener la presión. Para no luchar contra el respirador. Antibióticos, balances, alarmas.
Todo el tiempo suenan alarmas. A más no poder. Sería imposible dormirse en esa habitación sin los goteos.

No me animé a bajar a ver a Ele. Ni a preguntar como estaba.
No me alcanza el cuerpo para tratar de entender porque de repente todo duele tanto.
Es imposible dejar de reeditar el dolor. Buscar donde, cuando o porque podríamos haber hecho la diferencia.

Hace días que no paro de llorar. Hace días que un montón de gente linda no hace más que abrazarme y decirme que va a estar todo bien. Que me dicen que esto iba a pasar hagamos lo que hagamos. Me abrazan y me dejan llorar los mares que necesito. Me dicen que me descargue. Que es entendible.

Mientras tanto me entero que se interna Eme estos días. Que Ce está linda aunque no sube de peso y que su hermano es un enano quilombero. Cuando estaba internada me mostraba fotos de su otro hermano que acababa de hacer. Nació poco después de que diagnosticaron a Ce. Y ella te muestra las fotos abriendo grande los ojos lindos que tiene y con las comisuras de la boca que un poco más y le llegan a las orejas. Ella se ríe así. Amplio. Mucho.

Te me mira desde el aislamiento. Me dice que comió ravioles con pollo.
El interno le pregunta que pasó el 25 de mayo, que es el día que termina el bloque.
A el no le importa la Revolución de mayo. A él le importa la comida de la abuela porque él siempre está en lo importante.

La semana sigue. Termina. La rotación termina. Ele se te aparece cada tanto. Sabes que sigue estable abajo.

Mientras el mundo marcha al ritmo acelerado de siempre.
Mientras yo me embarco en el rumbo acelerado de siempre casi como una excusa para pensar un poco menos.

Y sin embargo pese a los mil colores, dolores y cansancios te quedarías con ellos muchísimo rato más.

jueves, 9 de marzo de 2017

A VI

Al final había pasado que, pese a todo lo que había prometido, terminé sentada en el sillón tomando vino y escuchando ese disco. El mismo que había prometido no escuchar porque inevitablemente me hacía pensar en vos.

Mientras escuchaba la canción se me apareció tu imagen. Hace mucho que andaba con unas ganas sutilmente insistentes de escribirte. De alguna forma te extrañaba. Me hacía falta que con tu sola presencia me sacaras de la zona de confort, esa que se destruye cuando te veo. Extrañaba la sensación que me invade cada vez.

Me venía haciendo falta escribirte.


Cuando me senté a escuchar el disco y ahora mismo que estoy en la computadora o mientras escribo en el colectivo, empiezo  sentir que necesito un poco despedirme. No para siempre. Claro está. Por un tiempo. No del todo tampoco. Solamente  un poco.
Empiezo a no poder soportar darle vueltas al asunto. Me suelo preguntar insistentemente cuales son las probabilidades, posibilidades, chances o como quieras llamarlo.
Mientras tanto la vida se me pasa viéndote caminar por el pasillo.

Vos ni te percatas obviamente. O eso creo. Prefiero creer.

No considero que sea mejor así. Ni tampoco que sea la opción obvia. Por supuesto que no creo que vayas a darte vuelta en pleno pasillo, mirarme fijo y hacerme un gesto para hablar a solas.

Se que no va a pasar, esas cosas no me pasan.

Pienso que si pasará algo intermedio sería muy feliz. Que simplemente me dieras a entender que notaste que no estoy hace tiempo o que no me ves bien o que me ves muy bien. Lo que sea.

No me hace feliz mendigarte esa reacción y si pudiera lo evitaría. Pero ahora no puedo. No puedo evitar mirarte. No puedo hacer las cosas sin pensar en tu reacción.

Hago todo queriendo que me digas algo.

Y así todo el tiempo.
Incluso este texto que empezó como una despedida y termina queriendo que lo leas y digas algo.

viernes, 6 de enero de 2017

Goma

Alto. Muy alto. Tanto que parecería un desperdicio de materia.

Millones de partículas de los tiempos del "big bang" conglomeradas en vos.

Vos. Que tan confiado te sentís. Tan porfiado de que estamos todas a tus pies.
Todas. Que corremos de un lado a otro de la vida buscando.

Admito que me he encontrado mirándote distraida. Como si mi subconciente tomara el control y decidiera mirarte. Ahí, desparramando tus 2 metros de materia en la silla, mirando sobrador, por momentos pedante, despreocupado. Más interesado en vos mismo que en lo que alguien pueda decir a tu alrededor.

Me encontré entonces mirándote. Fijo. En realidad, no te miraba a vos. Estaba pensando que no te estabas dando cuenta de lo fijo que te miraba.

Pensaba. Hasta que me hablaste. Dijiste algo. No puedo especificar que fue, pero me acuerdo que fue pedante, sobrador o simplemente desubicado.
Ahi me acordé porque no te había mirado hasta entonces y porque probablemente no te miraría en lo sucesivo.