jueves, 22 de diciembre de 2016

A V

-No puedo escribir nada. Estoy bloqueada. Todo lo que escribo me parece una estupidez.
- No se trata de escribir un libro para publicar. Se trata de que hagas catarsis. Nadie más que vos va a leerlo.
-Cada vez que lo releo me siento más estúpida por sentir lo que siento
- Tenemos que trabajar con tu auto exigencia pero primero lo primero. Y lo primero es que te amigues con lo que ahora estas sintiendo.
- De todos modos creo que es al pedo. Esto no va a terminar bien.
-¿Por que decís eso?
- Lo único que puedo escribir una carta documento.
- Bueno. Dale. Escribila.

Buenos Aires, 22 de diciembre de 2016

Por el presente documento epistolar se deja constancia de habérsele informado a su persona sobre los hechos acaecidos en el último tiempo sobre la persona que subscribe y del cual se la identifica como presunta ejecutora.

Se quiere informar el malestar provocado por vuestra presencia en el entorno cotidiano de quien escribe. Se ha de presumir que dicho malestar no ha sido generado de forma premeditada sin embargo se le solicita que cese en sus intentos de incomodar a quien suscribe o la justicia tomara cartas en el asunto.
Con la mayor consideración, queda usted debidamente informado

martes, 20 de diciembre de 2016

Despedida postguardia

Algún postguardia
Es la cuarta vez que empiezo a escribir esto. No se si es el cansancio o no, pero me cuesta.
Ni siquiera estoy muy segura de que es lo que quiero decir.

Ayer te fuiste. Otra vez. Por vez número mil. Te fuiste con otro nombre. Otra carita y por lo mismo, o no.
Me anoticiaste bruscamente de lo cambiante que es el mundo todos los días.
La eterna demostración de que nada es seguro. Y de que la vida se reconfigura a cada momento.
Y no me refiero a decir, livianamente, "hoy estamos, mañana no" para entrar en un torbellino de acciones impulsivas de origen meramente frontal.
Me refiero a la necesidad de reformular ciertas conductas, arrinconar ciertos monstruos y cruzar determinados límites autoimpuestos para ser, al menos, un poquitos mas libres. Y dejar de cometer- o reducir al mínimo la prevalencia de- nuevas metidas de pata producto de las mismas fabulaciones psíquicas de siempre, que nos devuelven a nosotros mismos más parecidos a monstruos de 5 cabezas que no merecen ser felices que, a seres humanos con capacidad de goce y disfrute.

No creo poder acostumbrarme al eco del los llantos desconsolados del pasillo. Siempre me va a doler esa acústica peculiar que te taladra el pecho. No se si alguna vez voy a aprender que decir o cuanto silencio guardar.
Es probable que no me acostumbre nunca a las despedidas en las que se va uno solo y el otro se queda ahí. Mirando. Pensando en que mas se podría haber hecho, que se podría haber cambiado.

Es también probable que de acá en adelante, como pasó con Rulitos, el mundo sea un lugar un poco mas hostil. Un escenario al cual mirar con recelo mientras deambulamos con un destino ficticiamente claro hacia algo que creemos que es el objetivo final. Cuando en realidad lo único que vale. Lo único que va a terminar contando va a ser lo que aprendamos en el camino.

Desconozco donde estás ahora. Quizás estás con Rulitos jugando en algún otro lado. O quizás sos, ahora, parte de una metáfora spinetteana sobre polvo de estrellas.

Se, casi con una desesperada certeza, que una parte de vos se quedó impregnada en esas paredes y en el pecho de los que te querían. Y si esas paredes hablaran se que contarían tristes el llanto de tus papás cuando te fuiste, igual que otros. Pero se también, que algunos ladrillos mas optimistas que yo, también contarían


la alegría de otros que se fueron a casa.

Me hubiera gustado que vos te fueras a casa las dos veces que te fuiste ayer con distinta carita pero con las mismas ganas de seguir jugando.

viernes, 16 de diciembre de 2016

A IV

Entre al despacho y vi la carpeta. La misma con la que te veo ir y venir todos los días. Se me ocurrió abrirla.

Metí la mano en el bolsillo, agarré la nota que te había escrito durante la sesión. Mi terapeuta piensa que me haría bien escribir lo que siento. "Como cuando me decís que para estudiar necesitas escribir" me dijo mientras me daba papel y lápiz.
Me dijo que ella no lo iba a leer a menos que yo creyera que eso ayudaría.

Esbocé media sonrisa cuando la imaginé dándome consejos literarios.

Y ahora, tenía la nota. Estaba escrita en una hoja recortada. Alguien recicló una hoja impresa solo en una cara para hacer recetas "Con lo que pago de cobertura podrían imprimir recetarios como la gente" pensé. Me quedé mirando los bordes del papel recortado sorprendida de lo prolijamente cortado.
Releí la nota. Escrita con azul y con una letra extrañamente simétrica. Era mi letra no quedaba duda pero no recordaba haberle puesto esmero. Se ve que en algún momento mi subconsciente considero la posibilidad de que vos la leas.


Un ruido en el pasillo. Un golpe seco. Un quejido me sacaron bruscamente de mis pensamientos. Salí al pasillo. Todo estaba bajo control.


Cerré la puerta del despacho. Me puse las llaves en el bolsillo. Me cruce a uno de tus compañeros y aproveché para devolvérselas.

Pensé que antes de dejarte la nota quería estar segura de lo que decía.
Si ibas a dejar de hablarme quería que por lo menos fuera por una buena causa.

Llegué a casa prendí la televisión y me olvidé del asunto. Me pareció lo mejor.
Cuentan algunas historias que las notas que no se dan a tiempo van y se dicen solas. Y que por las noches, antes de que empiece a desesperar la soledad, las notas se entregan por si mismas.

Cuando los padres dicen "buscalo bien porque no pueden haberle salido patitas" en una verdad a medias.
Dicen que las notas de confesión son notas tan ansiosas que no pueden esperar a ser entregadas y se revelan a las leyes de lo estático confesando sus secretos en nombre de quien las escribió.
Una parte de mi prefiere creer eso, porque creer que fui tan tonta de dejar la nota adentro de esa carpeta, con la que vas y venís todos los días, me genera niveles de angustia tan elevados que no puedo sobrellevarlos.

Aclaración del autor: Y a pesar de que esa traición de mi subconsciente de cerrar la puerta del despacho al salir a ver que habia pasado en el pasillo, me retumba a cada minuto y me angustia de sobremanera no puedo evitar hacer una media sonrisa ( la otra media que me faltaba en este relato) al imaginar tu cara cuando leyeras la nota.