martes, 28 de mayo de 2019

Quiero, pronto, verte de nuevo rinconcito


Hace 4 días vengo tratando de escribir esta despedida, pero la tengo anudada en el pecho, negándose a salir.
Como si así lograra impedir el final. Como si se pudiera detener poco el tiempo.

Siento que levanto la cabeza y pasaron 4 años. Como si saliera de una cueva, de un mundo subterráneo, de un universo paralelo. Y pasaron 4 años.

4 años intensos, a veces hasta demasiado. Dolorosos, angustiantes, felices y francamente hermosos.
Con payamédicos en los pasillos, reyes magos en las habitaciones. Evoluciones e indicaciones.
Recorridas, achiques y pases. Y el pase del pase y el achique del achique. Y los mil pasesitos de Barby.

Uno se acostumbra, mas o menos rápidamente a que camita 4 pierda la vía, que cama 33 haga fiebre y que en el 4º B un neutropénico afebril abandone la normotermia para clavarnos en el medio el pecho un 37.7 ºC y la duda y los paños y los pinchazos, los gritos que desgarran el silencio en los pasillos, les padres y madres que se niegan a otro intento.
Y la sepsis.
Y la placa que quedó en rayos.

El infiltrado que no aparece porque las defensas no existen. Y el "hemo y retro con recuentos" con su "Pipertazo - Vanco - Amika" que se vuelve liturgia cada posguardia.
Esos pases tenebrosos después de un fin de semana puente de 165 días, los balances que misteriosamente dan positivos, los ojitos hinchados. Las bombas que se apagan y no se prenden. La incógnita de las horas.

Las preguntas. El teléfono que interrumpe el transcurrir nunca calmo de la guardia.
Los posguardias, las conquistas hasta algún momento desconocidas.

Los amigos. Los otros desconocidos hasta ese primer día con los que se camina codo a codo. Los abrazos que son consuelo y los de la alegría. Las sonrisas torcidas y el pelo revuelto.
Los armados, los sábados, los domingos, los habiles que son viernes. Los recuentos. Los problemas de último momento. La sonrisa cómplice.

Mientras tanto afuera transcurre la vida.

Los que nos dejan, porque a esta altura los duelos son colectivos y los que llegan para llenarnos de amor.

Hoy, después de 4 días de intentar escribir esto me toca irme, dejar entre otras cosas el rinconcito del 4º B y a gente que me ha hecho muy feliz (y otra que no tanto...pero no entraré
 en detalle). 


Me voy sabiendo que siempre voy a querer volver, cuando sea mejor, cuando sea más grande y porque no más sabia.

Porque a casa siempre se vuelve. Siempre.