lunes, 28 de noviembre de 2011
Despedida de Valentín parte I
No entendés mi manera de mirar, mi manera de hablarte, de esperarte.
No entendés mi cadencia al irme, ni al tararear.
No entendés lo mucho que te extraño Valentín.
La falta que me hacés.
Lo mucho que extraño verme reflejada en tus ojos.
Me cansé de tu miedo, de tu hipocresía.
De vender mi alma al mejor postor para verte sonreír.
Me cansé de que no puedas darme nada a cambio.
De que ni siquiera te esmeres por darme algo.
No va más la boluda que te hace la segunda en días oscuros.
Ya no tengo guardado para vos ese abrazo necesario ni la palabra justa.
Ya no puedo.
No puedo seguir deseándote así, esperando predecir tu próximo movimiento.
Ya no puedo seguir en la interminable espera de que te desvivas por un beso mío, por una caricia, por un estar cerca. Intensamente cerca. Interminablemente cerca.
No hay ya deseos que involucren a mi piel. Ya no me arde la piel cuando te pienso. Ni cuando te espero.
No puedo seguir esperando que te desvivas por mí, por más maravillosamente perfecto que seas. Por más hermoso, dulce y enternecedor seas.
Te ganó el miedo, incluso para decir que no querías nada. Y ser coherente con eso.
Te ganó el orgullo porque ni siquiera pudiste hacerme a un lado. Permaneciste ahí, usándome. Me quedé estancada ahí, dejándome usar, Valentín.
Sigo acá escribiéndote. Buscando sacarte de la piel. De la mente. De la fantasía de los besos y las cosas que nunca fueron.
Busco arrancarte del pecho y de la cabeza.
Me cuesta Valentín. Me cuesta horrores.
Me cuesta que no seas nada de todo eso.
Me cuesta haberme equivocado de nuevo.
Otra vez.
Me cuesta ver el futuro nítido y brillante.
Pero no puedo más que dejarte atrás y seguir.
Seguir buscando donde, alguien, pueda, al menos, corresponder a la palabra justa en el momento justo.
Chau Valentín. Chau hermosura. Me voy a buscar aire fresco. Aire nuevo.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Cancionero
Esta es la canción de Valentín.
Y eso es TAN bizarro.
EL PUPILO
───────
Ha corrido un siglo aparte
desde la vez que te observé
intimamente, poco decente
Como para conformarme con un beso
sólo de esos que a vos más te cuesta dar
que guardás para tus socios
socios de tu corazón
Me declaro culpable
de todo ahora en más
de donde no estaba
de donde me fui
de lo que nunca seré
He pagado un gran peaje
para poderte convencer
integrament, tan imprudente
Como para acercarme a tu secreto
justo eso que vos no querés mostrar
que enseñas a tus devotos
hoy tu acólitosoy yo
Vení anotate a la escuela de mis besos
es sólo eso lo que tenés que probar.
-Babasónicos-
jueves, 17 de noviembre de 2011
Sacudones
Venía a los tropezones Valentín. Las veredas de Buenos Aires no son aptas para los que no miran donde pisan. Además Valentín es de esos que no levantan los pies.
Tiene el alma condensada, concentrada en un punto. Los ojos húmedos le borronean la vista, las piernas le fallan...y están los pozos.
Cada pozo hace que Valentín se sacuda, esa sensación de comerse un escalón se multiplica por mil.
Cada paso es un sacudón.
Uno, dos, tres sacudones.
Un paso firme.
Uno, dos, tres sacudones.
Un paso firme.
Y así...
La repetición se vuelve un vicio peligroso. Sacudones. Tanto se sacude Valentín que empieza a correr el riesgo de empezar a tolerar los choques contra la misma pared antes de encontrar desafíos nuevos.
El viento te sopla en la cara. Vos también te sacudís. Te sacudís en tu entereza etérea, en tus ojos limpios. Ilusos. Inocentes. Tu sonrisa se dibuja escondida, vergonzosa. Pero se asoma. El viento sopla la cara y vos le sonreís a cara abierta, sonrisa enorme y ojos felices.
Y mientras Valentín se tropieza, se cae, se levanta y aprende a caminar...
Y acá estás vos. Detenida en la circunstancia de que a Valentín no le importa realmente que vos estés siquiera en el mismo recuadro cartográfico.
Y ahí seguís vos, dándole la mano para que se levante una y otra vez mientras vos no te animas siquiera a dar tu primer paso.
Oficialmente se confirma que tenés que revisar tus prioridades.
viernes, 21 de octubre de 2011
Miedoso
Valentín es miedoso.
No tiene porque. Es capaz de lo que se proponga, aunque él no lo sepa, o no lo crea, o no le interese averiguarlo.
A Valentín le tiemblan las piernas en los momentos culminantes, pero se repone. Tiene la habilidad desobreponerse, de inhibir sus nervios, de guardarse el miedo en el momento crucial.
Valentín me dice que tiene miedo, que no soportaría un fracaso, que el no puede, que él no llega, que él no quiere.
Yo lo escucho a Valentín, le tengo paciencia, la paciencia que presupongo que los demás ya no lo tienen, eso logra Valentín, que haga de tripa corazón y lo escuche con su angustia, aunque a mí se me haga un nudo en la boca del estómago y la ilusión aparezca.
Él tiene miedo de fracasar, tiene miedo de no lograr su cometido. No se aviva el perejil que un tropezón, no es caída.
Todo eso le pasa a Valentín y muchas otras cosas más.
Con Valentín no tengo chance, será por miedo, será por asincronía o simplemente porque no. Lo único que quería era la mirada de Valentín diciéndome que aunque el mundo se acabe, nosotros, vamos a seguir ahí.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Innegable
sábado, 3 de septiembre de 2011
Valentín
No se si hay muchas cosas que decir de Valentín.
Supongo que quien lo conozca bien, podrá hablar largo y tendido.
No es mi caso.
A Valentín yo lo conocí por azar, por el azar que implica cada día de la vida o bien por mínimo azar que implica tomar decisiones.
Yo no sabía a quien iba a encontrar y lo encontré a él. Lo encontré mientras andaba despistada en un terreno que me resultaba, además de nuevo, áspero. Lo vi a lo lejos la primera vez. No tenía nada de especial, no destacaba.
No lo conocí por destacar a Valentín. Aunque el sea uno de los que siempre destaca.
Lo conocí porque la vida tiene vueltas, giros, espirales, laberintos incorporados, idas, vueltas y porque resultó que en una de esas maniobras se me cruzó. O yo lo crucé.
Se me cruzó como se te cruza un gato en la calle. Sorpresiva e irrelevantemente.
Pero la segunda vez que coincidimos no fue ya una más del montón.
Esta vez giramos, los dos al mismo tiempo, en la misma esquina.
Intercambiamos palabras, chistes, gestos y un día todo se me fue de las manos con Valentín y creí que al también.
El alegó que no. Aún hoy lo hace. Yo le digo que le creo. Que lo entiendo. Que todo está bien. Pero en el fondo de mi silencio todavía hoy creo que, de nuevo, ambos habíamos doblado en la misma esquina al mismo tiempo.