martes, 20 de junio de 2017

Monigote y bonobon

Un día fui R3. Podría hablar largo y tendido de las dudas que me genera que me hayan dejado llegar y reírnos un rato.
Es casi un espectáculo de stand Up.

Pero como siempre, escribo una catarsis de postguardia. Porque me dijeron que lo mejor es sacarse todo esto de adentro para no lastimarse con tanta cosa guardada. Y creo que tienen mucha razón.

Hice la primera guardia del año ¿lectivo? con pibes que me van a padecer casi maternalmente todo su erreunato.
Después de una guardia con todos los pormenores (y pormayores) de una primera vez terminé, entre chicanas de horario y de chombas, en medio de un festejo de cumpleaños de algún interno que llevo palmeritas al pase.

Hace mucho cuando era R1 conocí a Mb. Entre tanta criatura de 4 años ella sobresalía por tener 18.
Nos llevábamos bien. 
Después de un tiempo no se internó más.
La mamá me contó, un día aleatorio en el pasillo, que había salido bien el trasplante.
El día que Ele se descompensó, Ale me había contado que cambiada que estaba Mb. Con novio, trabajo, proyectos.

Ese día de la primera guardia o, más bien, ese primer postguardia de R3 me encontró en el pasillo.
Escuche mi nombre y de repente tenía a Mb enfrente.
Hablamos. Su mamá me abrazo fuerte.
Mb me preguntó que iba a hacer después de la residencia.
Le dije que lo que quería hacer era …
Se empezó a reír y, me recordó, como de R1 le había dicho…
Evocó una charla que tuvimos una tarde ,en medio de una recorrida de sala hace más de un año. Yo recién tenía 5 meses de R1 y quería salir corriendo.
Me miraba riéndose. Creo que le dije mil veces lo feliz que me hacía verla. 
El postguardia me pone repetitiva,

En un lugar tan mostruoso como este, uno se encuentra todo el tiempo con gente. Algunos son solo saludos al pasar. Otros no. Otros ameritan parar, mirar, saludar, abrazar, gritar exclamar o simplemente correrse a costado del pasillo y esbozar un ¿Cómo está…?

***
Pasan los días. Una semana. 
Te llega la noticia.

Ce, se fue hoy. 
Tenía 7.
Los cumplió hace poco. Hacia 72 hs nomás.
Tenía 7 años y tres días.
Ce tenía una sonrisa que le achinaba los ojos enormes.
 Lloraba si le decías que no podía comer gomitas, pero aceptaba después de arduas negociaciones.
“Si la leche pasa y si no te duele la panza podés comerte dos” le decía, “de los colores que más te gusten".
Y ella aceptaba. Me decía “Si” moviendo la cabeza y sonriéndose mucho. 
Seguramente después no eran dos y eran 8. Pero si la panza no dolía…
Tenía un hermanito que ahora cumplió 3 meses. Y  otro hermano que entraba al consultorio en los controles de Ce.

Cuando la conocí tenía el pelo largo. Muy largo, y había llorado un poco cuando la abuela se lo había cortado.
Hablamos de que el pelo crece. Pero Ce en ese momento apenas entendía que pasaba.

Estuvo grave mil veces. Fui a cuidarla con fiebre muchas veces. Jugamos a abrazar al bebé de juguete cuando tuvimos que sacar la vía central.

La última vez que la vi, me asomé por la ventana y pensé que dormía. Se ve que no. La mamá salió y me dijo que pasara, Ce quería mostrarme todo lo que le habían regalado.
Había cumplido 7 hacia dos días. Nos prometimos los bonobones cuando se sintiera mejor.
Cuando me fui le di un beso. 
Volví más tarde cuando la preparaban para bajar al segundo.

Cuando me dijeron lo que había pasado, en la salita se frenó el mundo .
El bizcochuelo de cumpleaños de Andy, el mate, los catarros, la varicela. Todo quedó en segundo plano por un par de minutos.

Cuando volvimos al hospital ese día, fui a buscar ese abrazo que me había reconfortado con Ele. 
Lo encontré. 
Creo que fue más una devolución.
O no.
O será que uno sabe dónde ir en estos momentos.
O será que lo que permite superarlos es tener un lugar donde ir. 
O será que ese rincón que siempre es el rincón.

Mientras tanto a dos habitaciones de distancia Ele se iba de alta.
Be también y estoy segura que espera ansiosa volver a patinar.


Entonces de a poco vas aprendiendo que el dolor se intercala con esas alegrías. Esas buenas noticias, y esos encuentros de pasillo. Esos dibujos o cartas que te regalan, desde donde te saludan monigotes de piernas largas que sonríen todo el tiempo. Esos abrazos de despedida porque se van con el alta o ese chocar los cinco porque no hubo fiebre y el alta esta más cerca. O la manito que te saluda desde la escalera rumbo a la salida porque ya nos vamos a casa.

Y te das cuenta que mientras Ce te duele, algún otro está sacándole punta al lápiz rojo para darle vida al próximo monigote que te va sacar una sonrisa.

Y te juro que cuando todo es una mierda, ese monigote, ese saludo en el pasillo o chocar los cinco es todo lo que necesitas para no perder de vista porque volvés todos los días.