Un día fui R3. Podría hablar largo y tendido de las dudas que
me genera que me hayan dejado llegar y reírnos un rato.
Es casi un espectáculo de stand
Up.
Pero como siempre, escribo una
catarsis de postguardia. Porque me dijeron que lo mejor es sacarse todo esto de
adentro para no lastimarse con tanta cosa guardada. Y creo que tienen mucha
razón.
Hice la primera guardia del año
¿lectivo? con pibes que me van a padecer casi maternalmente todo su erreunato.
Después de una guardia con
todos los pormenores (y pormayores) de una primera vez terminé, entre
chicanas de horario y de chombas, en medio de un festejo de cumpleaños de
algún interno que llevo palmeritas al pase.
Hace mucho cuando era R1 conocí
a Mb. Entre tanta criatura de 4 años ella sobresalía por tener 18.
Nos llevábamos bien.
Después de un tiempo no se
internó más.
La mamá me contó, un día
aleatorio en el pasillo, que había salido bien el trasplante.
El día que Ele se descompensó, Ale
me había contado que cambiada que estaba Mb. Con novio, trabajo, proyectos.
Ese día de la primera guardia o,
más bien, ese primer postguardia de R3 me encontró en el pasillo.
Escuche mi nombre y de repente
tenía a Mb enfrente.
Hablamos. Su mamá me abrazo
fuerte.
Mb me preguntó que iba a hacer
después de la residencia.
Le dije que lo que quería hacer
era …
Se empezó a reír y, me recordó,
como de R1 le había dicho…
Evocó una charla que tuvimos
una tarde ,en medio de una recorrida de sala hace más de un año. Yo recién tenía
5 meses de R1 y quería salir corriendo.
Me miraba riéndose. Creo que le
dije mil veces lo feliz que me hacía verla.
El postguardia me pone repetitiva,
En un lugar tan mostruoso como este, uno se encuentra todo el tiempo
con gente. Algunos son solo saludos al pasar. Otros no. Otros
ameritan parar, mirar, saludar, abrazar, gritar exclamar o simplemente correrse
a costado del pasillo y esbozar un ¿Cómo está…?
***
Pasan los días. Una
semana.
Te llega la noticia.
Ce, se fue hoy.
Tenía 7.
Los cumplió hace poco. Hacia 72
hs nomás.
Tenía 7 años y tres días.
Ce tenía una
sonrisa que le achinaba los ojos enormes.
Lloraba si le decías que
no podía comer gomitas, pero aceptaba después de arduas negociaciones.
“Si la leche pasa y si no te duele
la panza podés comerte dos” le decía, “de los colores que más te gusten".
Y ella aceptaba. Me decía “Si”
moviendo la cabeza y sonriéndose mucho.
Seguramente después no
eran dos y eran 8. Pero si la panza no dolía…
Tenía un hermanito que ahora
cumplió 3 meses. Y otro hermano que
entraba al consultorio en los controles de Ce.
Cuando la conocí tenía el pelo
largo. Muy largo, y había llorado un poco cuando la abuela se lo había cortado.
Hablamos de que el pelo crece.
Pero Ce en ese momento apenas entendía que pasaba.
Estuvo grave mil veces. Fui a
cuidarla con fiebre muchas veces. Jugamos a abrazar al bebé de juguete cuando
tuvimos que sacar la vía central.
La última vez que la vi, me
asomé por la ventana y pensé que dormía. Se ve que no. La mamá salió y me dijo
que pasara, Ce quería mostrarme todo lo que le habían regalado.
Había cumplido 7 hacia dos
días. Nos prometimos los bonobones cuando se sintiera mejor.
Cuando me fui le di un
beso.
Volví más tarde cuando la
preparaban para bajar al segundo.
Cuando me dijeron lo que había
pasado, en la salita se frenó el mundo .
El bizcochuelo de cumpleaños de
Andy, el mate, los catarros, la varicela. Todo quedó en segundo plano por un
par de minutos.
Cuando volvimos al hospital ese
día, fui a buscar ese abrazo que me había reconfortado con Ele.
Lo encontré.
Creo que fue más una
devolución.
O no.
O será que uno sabe dónde ir en
estos momentos.
O será que lo que permite
superarlos es tener un lugar donde ir.
O será que ese rincón que
siempre es el rincón.
Mientras tanto a dos
habitaciones de distancia Ele se iba de alta.
Be también y estoy segura que
espera ansiosa volver a patinar.
![]() |
Y te das cuenta que mientras Ce te duele, algún otro está sacándole
punta al lápiz rojo para darle vida al próximo monigote que te va sacar una sonrisa.
Y te juro que cuando todo es una mierda, ese monigote, ese saludo
en el pasillo o chocar los cinco es todo lo que necesitas para no perder de
vista porque volvés todos los días.
