Mostrando entradas con la etiqueta A. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta A. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de noviembre de 2017

No quiero que llevés de mí nada que no te marque



Una nostalgia donde se condensa el rocío, 
Un paso en falso hacia un remolino en el río. 
Cualquier contrasentido hoy cobra sentido 
Y se vuelve dilema para este corazón anhelante 
Que hoy piensa solo en la mitad faltante. 
-Jorge Drexler- 

Hay un montón de cosas que tengo para contar. Hoy no hay iniciales que pelean batallas inmensas en un resquicio del inmenso nosocomio. Iniciales que condensan peleas que te dejarían boquiabierto.

No me alcanzan las palabras para describir los pequeños universos que me rodean.
Nos codeamos con la muerte y el dolor todos los días, todo el tiempo en horario laboral. Y afuera también.
La sensación de impotencia que te invade cuando alrededor tuyo el dolor se expande. En gente que querés y que no querés también.
“Hay dolores que no tendrían que existir”, pensás mientras tratas de redactar un mensaje que no moleste, que transmita tranquilidad, que haga sentir mejor al que lo reciba. Que sea una caricia al menos a la distancia.

Cada uno tiene sus dolores. Algunos pueden expresarlo, otros quizás guardan toneladas de sensaciones, otros inventan tres o cuatro historias que contar mientras ocultan las razonas por las que el insomnio les gana de noche.

Me gustaría saber como hacer para que el dolor no exista más. Por volver a verte feliz. Rebosante de luz. Con una sonrisa grande que hace mucho que no veo y que por momentos temo no verla más.

Me borraría del mapa si eso apaciguara un dolor tan profundo como agudo.
No podría cruzar un mar, ni viajar al espacio.

Pero podría intentar hacer reír a más de un ogro.
Resolvería diez crucigramas y acertijos.
Me rompería el corazón y la frente cien veces contra la pared.
Podría tropezar mil veces con la misma piedra.
Te abrazaría un millón de veces.
Te devolvería la sonrisa aunque requiriera un billón de intentos.

O a menos dejaría el alma en eso.
Y aun así. Aún prometiéndote todos los sacrificios posibles, el dolor va a seguir ahí.

Quiero que pase el tiempo. Que se curen tus heridas. Que no te duela mas el pecho.
Quiero que sigas siendo feliz, aún al lado de alguien más distinto a mí.
Lo no correspondido seguramente lo curará el tiempo. No le tengo miedo a eso.
Siempre y cuando me prometas que vas a ser fuerte, que vas a mirar para adelante pase lo que pase y que no vas a bajar los brazos.

domingo, 6 de agosto de 2017

A VII: Administrativos y cosquillas.

Lm me pide que vaya con él. Le digo que no puedo, porque tengo que cuidar a los otros nenes, pero que sea valiente y que a la vuelta quiero saber todo del viaje en nave espacial.
Mientras tanto, el mundo adulto que no sabe de emociones y viajes al espacio se desenvuelve con la crueldad de todos los días y me seca el alma- un poquito más- por vez número mil.
Cuando Lm vuelve, tu mundo es un poco más adulto. Te diste cuenta de que los hijos de puta no entienden de hambre ni de ayunos. Lm se come un alfajor. Eso le mejora el día.
Sigue un poco enojado porque no fuiste, pero el alfajor y las gomitas de premio, más un poco de cosquillas van resolviendo el asunto.
En el mundo adulto, las cosas no van tan bien. Tus ganar de llegar a las manos con los administrativos de la OS llegan a tope.
Son esos días los que te sacan las ganas de volver. Te hacen perder un poco la fe en la humanidad. Todo fluye en torno de papeles que va y que vienen. El pedido, el contra pedido, la respuesta y la apelación. Papeles que no le resuelven la vida a nadie.
La mamá de enfrente te pide por favor que completes con letra clara y solo lo que ellos te piden, que no cambies de birome y que no tengas los cordones desatados cuando escribas porque sino cuando vayan a entregarlo los van a hacer volver para que les salves que estabas con los cordones desatados.
Y yo te juro, por lo que más quieras, que tenía los cordones atados. Y la birome era negra. Y eran las sietecuarentaytres. Justo como te lo escribí.
Entendí, entre tanto papel, que a ellos les importa poco y nada y que no voy a regalarle mi salud mental en una bandeja a esos papeludos de quinta.
Prefiero quedarme en el pasillo viendo como después de dos meses Lm patea un globo o se pierde mirando por la ventana.

***
Toda la vida padecí de extrema sensibilidad a las cosquillas.
Al mínimo intento empiezo a retorcerme como si no hubiera un mañana. En agonía continua, pierdo la noción de como respirar, mientras me ahogo en una carcajada desesperada.
Grito, mucho. No puedo no reírme salvajemente al mismo tiempo que exijo piedad.

¿Te acordás que te dije que estaba tratando de no pensarte?
En eso estoy todavía. Cada tanto me agarras distraída y me haces temblar el mundo.
El resto del tiempo no te pienso y me dejo sorprender.

Y me sorprendí escribiendole esto a alguien más:
"De repente, las cosquillas.
En la boca del estómago, alrededor del ombligo. Atrás de las orejas.
No me acuerdo cuanto hace que no sentía esas cosquillas.
Me pasa que me invaden cuando hablamos y tengo que hacer muchísimo esfuerzo para que no se note. Para que el resto no se dé cuenta. 
No puedo no pensar que sos lo lindo y bueno que quiero que me pase.
Una especie de permiso de felicidad entre tanta vorágine de cada día. Una especie de rincón de dulzura entre tanta burocracia gélida y organizada.

Y los días siguen siendo esto. El intercalar impiadoso de los administrativos de siempre, la sonrisa de los nenes, las idas y venidas. Y nuestros propios amores y dolores que no entienden de horarios de trabajo, ni de prioridades.
Y mientras alguien hace fiebre, alguien se va de alta, alguien se interna, alguien se pelea, alguien se enamora, alguien te llena de papeles y te pide por favor que para el estudio el paciente vaya en un caballo volador violeta. No azul, no lila, no celeste. Violeta. No rojo.
Para rojas están mis mejillas cada tanto, cuando te veo."




domingo, 30 de julio de 2017

Agitados lunes voladores


Debe ser la sobrecarga lo que a unos les produce hipertensión y a otros, ganas de salir corriendo.

Me pasa que se me mezclan las emociones. Se me anudan en el pecho y se empieza a complicar resolverlo.
Tengo un lio importante, un nudo en la boca del estómago.
No es ya ser el R3, porque se trata en última instancia de adaptarse a que hay otro que tiene que aprender a corretear y a vos te toca simular que te sentás a tomar mate y conversar cuando en realidad en tu cabeza, un mecanismo de ingeniería- para todos los pendientes- trabaja sin cesar.

Y querés que se haga todo. TODO.

***

Caminé por el pasillo. Saludé a gente en ese pasillo que en su momento había sido necesaria.
Seguí caminando y me corrió un escalofrío.

Me acordé de Ce. Justo me vengo a acordar el día que soy una piltrafa de angustia.
Justo ese día se me viene a la cabeza Ce.
Se estruja el pecho fuerte.

Hay que tomar mucho aire para no salir corriendo.

En todo ese remolino te me apareces casi como una imagen recurrente.
Como si un abrazo tuyo fuera a resolver todos los problemas. A sacarme todo el dolor acumulado.


Vuelvo. Trato de pasar desapercibida.
Alguien me da consejos como si no se diera cuenta, pero sé que si. O creo que si.
Mientras escucho me quedó en silencio. Se que se me rompería la voz en mil pedazos si trato de emitir sonido.


Asiento con la cabeza. Miro el suelo.
Me desbordo. Por dentro.

Cada vez que te miro me desbordo. Me desbordo porque solamente puedo mirarte y nada más. Me invade un sentimiento de amor tan profundo como terrible.


Decidí que voy a llamarte para festejar el día que ya no te necesite más.

***

Te llama la enfermera, camita 8 esta agitado. Corriste toda la mañana con camita 8. Te dicen que por ahora no puede bajar al segundo. Se calma. Deja de respirar tan rápido. Parece que para la neumonía estar a upa de papá es el tratamiento más efectivo.

Son las 9 de la noche y seguís ahí. Entra alguien que te dice que camita 8...
La madre llora a mares mientras el bebé respira con frecuencias incontables.
Es así el invierno. Todos los inviernos.
Haces lo que sabes hacer. Ponés, sacás, subís, bajas. Le decís a los de guardia que ...

***

La idea de la birra el lunes no parecía tan mala. El día te había agobiado, pero también envalentonado. Fuiste.

Después de haberte pasado el día corriendo por camita 8 decidís que era una buena idea. Qué hizo que en tu mente fuera una buena idea ir a tomar una birra habiendo amanecido a las 5 de la mañana nunca lo sabremos, pero fuiste.
Empezaste a pensar que quizás cuando el encuentro ocurriera nada iba a ser como esperaban. Te mentalizaste.
Después esperar 5,10,12 minutos que fueron una eternidad hasta que lo ves.

Me tomé la cerveza con el estómago vacío.
Entonces me di cuenta de que no podía dejar de rascarme la nariz, de mirar para todos lados. Tenía el lenguaje corporal de alguien incómodo.

Nos despedimos y cada uno salió corriendo para el lado contrario o quizás yo salí corriendo para el lado contrario y por ahí él se quedó mirándome irme para el lado contrario con la capucha puesta por una calle lateral en penumbras.

Varios días después sigo pensando que en quizás no fue buena idea la birra un lunes pero es un paso más en el arduo proceso de alejarme de a poco del amor que siento por vos.




jueves, 9 de marzo de 2017

A VI

Al final había pasado que, pese a todo lo que había prometido, terminé sentada en el sillón tomando vino y escuchando ese disco. El mismo que había prometido no escuchar porque inevitablemente me hacía pensar en vos.

Mientras escuchaba la canción se me apareció tu imagen. Hace mucho que andaba con unas ganas sutilmente insistentes de escribirte. De alguna forma te extrañaba. Me hacía falta que con tu sola presencia me sacaras de la zona de confort, esa que se destruye cuando te veo. Extrañaba la sensación que me invade cada vez.

Me venía haciendo falta escribirte.


Cuando me senté a escuchar el disco y ahora mismo que estoy en la computadora o mientras escribo en el colectivo, empiezo  sentir que necesito un poco despedirme. No para siempre. Claro está. Por un tiempo. No del todo tampoco. Solamente  un poco.
Empiezo a no poder soportar darle vueltas al asunto. Me suelo preguntar insistentemente cuales son las probabilidades, posibilidades, chances o como quieras llamarlo.
Mientras tanto la vida se me pasa viéndote caminar por el pasillo.

Vos ni te percatas obviamente. O eso creo. Prefiero creer.

No considero que sea mejor así. Ni tampoco que sea la opción obvia. Por supuesto que no creo que vayas a darte vuelta en pleno pasillo, mirarme fijo y hacerme un gesto para hablar a solas.

Se que no va a pasar, esas cosas no me pasan.

Pienso que si pasará algo intermedio sería muy feliz. Que simplemente me dieras a entender que notaste que no estoy hace tiempo o que no me ves bien o que me ves muy bien. Lo que sea.

No me hace feliz mendigarte esa reacción y si pudiera lo evitaría. Pero ahora no puedo. No puedo evitar mirarte. No puedo hacer las cosas sin pensar en tu reacción.

Hago todo queriendo que me digas algo.

Y así todo el tiempo.
Incluso este texto que empezó como una despedida y termina queriendo que lo leas y digas algo.

jueves, 22 de diciembre de 2016

A V

-No puedo escribir nada. Estoy bloqueada. Todo lo que escribo me parece una estupidez.
- No se trata de escribir un libro para publicar. Se trata de que hagas catarsis. Nadie más que vos va a leerlo.
-Cada vez que lo releo me siento más estúpida por sentir lo que siento
- Tenemos que trabajar con tu auto exigencia pero primero lo primero. Y lo primero es que te amigues con lo que ahora estas sintiendo.
- De todos modos creo que es al pedo. Esto no va a terminar bien.
-¿Por que decís eso?
- Lo único que puedo escribir una carta documento.
- Bueno. Dale. Escribila.

Buenos Aires, 22 de diciembre de 2016

Por el presente documento epistolar se deja constancia de habérsele informado a su persona sobre los hechos acaecidos en el último tiempo sobre la persona que subscribe y del cual se la identifica como presunta ejecutora.

Se quiere informar el malestar provocado por vuestra presencia en el entorno cotidiano de quien escribe. Se ha de presumir que dicho malestar no ha sido generado de forma premeditada sin embargo se le solicita que cese en sus intentos de incomodar a quien suscribe o la justicia tomara cartas en el asunto.
Con la mayor consideración, queda usted debidamente informado

viernes, 16 de diciembre de 2016

A IV

Entre al despacho y vi la carpeta. La misma con la que te veo ir y venir todos los días. Se me ocurrió abrirla.

Metí la mano en el bolsillo, agarré la nota que te había escrito durante la sesión. Mi terapeuta piensa que me haría bien escribir lo que siento. "Como cuando me decís que para estudiar necesitas escribir" me dijo mientras me daba papel y lápiz.
Me dijo que ella no lo iba a leer a menos que yo creyera que eso ayudaría.

Esbocé media sonrisa cuando la imaginé dándome consejos literarios.

Y ahora, tenía la nota. Estaba escrita en una hoja recortada. Alguien recicló una hoja impresa solo en una cara para hacer recetas "Con lo que pago de cobertura podrían imprimir recetarios como la gente" pensé. Me quedé mirando los bordes del papel recortado sorprendida de lo prolijamente cortado.
Releí la nota. Escrita con azul y con una letra extrañamente simétrica. Era mi letra no quedaba duda pero no recordaba haberle puesto esmero. Se ve que en algún momento mi subconsciente considero la posibilidad de que vos la leas.


Un ruido en el pasillo. Un golpe seco. Un quejido me sacaron bruscamente de mis pensamientos. Salí al pasillo. Todo estaba bajo control.


Cerré la puerta del despacho. Me puse las llaves en el bolsillo. Me cruce a uno de tus compañeros y aproveché para devolvérselas.

Pensé que antes de dejarte la nota quería estar segura de lo que decía.
Si ibas a dejar de hablarme quería que por lo menos fuera por una buena causa.

Llegué a casa prendí la televisión y me olvidé del asunto. Me pareció lo mejor.
Cuentan algunas historias que las notas que no se dan a tiempo van y se dicen solas. Y que por las noches, antes de que empiece a desesperar la soledad, las notas se entregan por si mismas.

Cuando los padres dicen "buscalo bien porque no pueden haberle salido patitas" en una verdad a medias.
Dicen que las notas de confesión son notas tan ansiosas que no pueden esperar a ser entregadas y se revelan a las leyes de lo estático confesando sus secretos en nombre de quien las escribió.
Una parte de mi prefiere creer eso, porque creer que fui tan tonta de dejar la nota adentro de esa carpeta, con la que vas y venís todos los días, me genera niveles de angustia tan elevados que no puedo sobrellevarlos.

Aclaración del autor: Y a pesar de que esa traición de mi subconsciente de cerrar la puerta del despacho al salir a ver que habia pasado en el pasillo, me retumba a cada minuto y me angustia de sobremanera no puedo evitar hacer una media sonrisa ( la otra media que me faltaba en este relato) al imaginar tu cara cuando leyeras la nota.

miércoles, 5 de octubre de 2016

A III

Estabas revolviendo estanterías. Buscando algo con él. Quien sabe que.
-Uuuuh no hay más - exclamó con algo de resignación. Con un tono que me hizo pensar que era capaz de pedirme que bajara hasta PB a conseguirle más.
Yo. Si, yo, que caía ahí por algo absolutamente ajeno a la búsqueda que ustedes habían emprendido en el universo de la estantería.

Ambos de espalda. Yo atiné a mirarlo y hacer una mueca irónica. Sin que me vieran, obvio.
No puedo evitarlo, mi relación con él es, fue y sospecho q será, como mínimo, conflictiva.
Cada vez que entablo una conversación es igual de incómodo.
A veces me detengo a observarlo, tratando de descifrar algo de su lenguaje corporal o al menos de entender porque me resultaba tan chocante compartir el mismo metro cuadrado.

No lo odio, nada más lejano. Lo admiro, lo considero capaz, casi un modelo. Pero, aunque quisiera poder decírselo, siempre me encuentro en la misma situación: él poniendo distancia, manteniéndose frió y yo, sintiendo que esa distancia se vuelve insalvable.
Como si hubiera algo más.

El otro día di rienda suelta al libertinaje de quien ya no entiende de reglas de convivencia y le dije que por favor no me hablara. No podía tolerar la idea de seguir escuchando su voz. 
Claramente dejó de hablar. 
A medio descolocar hizo una mueca. 
Simuló reírse y se retiró.
Le agradecí que no volviera. Seguramente no se va  olvidar de eso. 
Yo tampoco.

La cuestión es que me metí entre ustedes porque necesitaba algo de la estantería.
Ustedes abandonaron la epopeya de encontrar algo en tamaño mar de muestras medicas. Vos te quedaste mirando el celular. Me saludaste.
- ¿Cómo estas? ¿Más aliviada?

Te miré.
Me acerqué y te abracé fuerte. Me envolviste, firme. Fuerte.
Me dijiste algo al oído. Me reí. Te mordí la mejilla. Jugando.
Empezamos a perder un poco el control. Sentí que te aferrabas a mi . Sentí unas ganas incontrolables de que nos encerráramos en otro lado.

Un rato, no más. 
Que fuera como mínimo eterno.

sábado, 6 de agosto de 2016

A II

No podría haber sido mejor. Inesperado.

Salgo de la habitación, te veo en el pasillo. Estás a apenas a 10 pasos. Me ves. Durante un segundo atino a saludarte.
Por un segundo me acerco.
Creo que di un paso o dos.
Veo que hay más gente al lado tuyo.
No los vi en un primer momento.
Arrugo. Vuelvo sobre mis pasos, miro para atrás. Vos seguís tu camino. Camino detrás de tustedes. Sin decir nada.

Al rato te veo
-Hace un rato me viste y te escondiste.
-No quería molestar.

Saludo al resto de la gente que estaba con vos. Te saludo, última. Te levantás. Me abrazás.
Tomo agua. Antes de irme te doy un beso en la mejilla.

-Chau-te digo-Te quiero.
Me estoy yendo. Saludo a gente que acaba de entrar. Te escucho decirme:
-Yo también te quiero.

Cuando salí al pasillo tenía una sonrisa que, nada de lo difícil que pasó después, logró borrarme.

Aunque, si pudiera elegir, hubiera elegido quedarme en ese abrazo por siempre.


lunes, 27 de junio de 2016

A.

No sabía que me podía pasar.

Alguna vez me asaltó el fantasma, pero creí que era eso, un fantasma. Un miedo normal asociado a múltiples inseguridades.

No puedo contarte que me pasa. No puedo ponerlo en palabras porque tengo la fantasía de que si no lo hablo no se va a convertir en realidad. Si no lo digo va a desaparecer solo. Me voy a curar.

Pero por más que quiera no lo puedo evitar. Me gana la ansiedad, me late rápido el corazón y me tiemblan las rodillas. Al fin y al cabo, se parece a las mil veces anteriores que me paso.

No puedo no mirarte, de lejos.  Sería tan obvia sino, todo el mundo se daría cuenta. Cuando te miro no puedo evitar seguir con los ojos el contorno que de perfil me muestra tu cara. Es como si mis ojos tuvieran un lápiz y voy dibujando el contorno de tu nariz, de tu boca. Tu mentón.

Las líneas de los costados de tus ojos. Los años (que no son muchos más que los míos pero tal vez si fueron más intensos) te dibujaron surcos en la piel. Son finos y te enmarcan los ojos, la boca y la nariz en perfecta simetría. Tenés eso, sos un conjunto de líneas que culminan en la simetría perfecta.

 Te reíste, a carcajadas. Abriste grande la boca. Te reíste desde adentro. Yo me río más por tu risa que por lo alguien había dicho. Hace rato dejé de prestar atención a la conversación.

Mientras tanto el pelo te cae en la cara, impune. A medio controlar.

Siempre me pasa lo mismo y me freno en tu hombro. Te miro hablar. Me fijo en el movimiento de tu mentón.

Me obligo a distraerme cuando por casualidad mirás. Sé que no me miras a mí. Lo tengo claro. Pero aún así me da mucha vergüenza que me descubras mirándote.
Que pensarías si te enteraras que te estoy mirando. Que contengo la respiración cuando por casualidad empezás a hablar y quizás vayas a reclamarme algo. Me gustaría que me reclames que no te miro, que no te hablo. Que no me siento al lado tuyo.

Cuando hablás, algo se me mueve adentro. Lo mismo que se me remueve cuando te veo y dirigís la palabra hacia mí. Cuando encabezas la frase con mi nombre.
Me agarra una presión en el pecho que me asusta no poder controlar.

Me gustás. Me gustás mucho. Me generás unas ganas intensas de encerrarme con vos y no salir nunca más.

Quedarme enredada en vos. Estirar cada minuto para que dure una eternidad. O simplemente perder la noción del tiempo mientras se me corta la respiración. Sentir que la piel no tiene paz. Ni la tuya ni la mía. Que tu corazón me late en el pecho de tan cerca que estamos. Que mis latidos duelen de tan acelerados.

***
Mis ojos acostumbrándose a la penumbra en que se dibuja, entre tanta sombra, el contorno de tu cara.  Te frenás. Me mirás. Y te detenés un segundo. Y yo que quiero escaparme de tu mirada porque siento que te me clavás en los ojos.­­­
Siento que me acaricias la cara y te siento respirarme cerca. Tan cerca que ya no sé si los labios son tuyos o míos. Ya no sé donde termina tu cuerpo y empieza el mío. Los límites parecen tan frágiles. Me murmurás algo. No te escucho. No quiero repreguntarte porque tengo miedo que la respuesta sea que todo eso es un instante y nada más.
Tus manos, las mías. Inquietas buscando. Sin centímetro alguno de la piel que permanezca indemne. Una vez, dos. Tres.
No me interesa lo que pasa afuera.
Frenamos. Apoyo la cabeza en la almohada. Todo me da vueltas. Trato de saber en la penumbra si estas mirándome o no. Por la ventana entra el reflejo de algunas luces.
Tenés media cara iluminada. Veo como me mirás. Trato de sacar la cara de nervios que debo tener. Evidentemente no lo logro porque te reis de mi mueca. Te pido perdón. Te volvés a reír.  Siento que las mejillas se me enrojecen un poco más. Susurras que está bien. Que me porte bien. Me rio. Vos te reís por tercera vez.
Me incorporo, trato de rescatar algo de mi ropa de los costados de la cama. Me tiembla el cuerpo un poco por cansancio y otro poco porque estoy con vos. Igual que cuando te tengo cerca. Y ahora te tengo tan cerca.
No encuentro la ropa. Me preguntas que busco. No te respondo porque siento que me acaricias a espalda. Te lo digo. Te cuento lo fácil que me inhabilitas. Se me anula el pensamiento.
Me recostás al lado tuyo. Te reis. Es mi mueca de nervios otra vez.
Me das un beso. Largo. Profundo. Siento el peso de tu cuerpo arriba mio. Te miro.

Ahora soy yo la que te mira bien de cerca. Te saco el pelo de la cara. Recorro el contorno de tu cara con la mano. Exploro los surcos de tu cara. Te doy un beso. Te recostás al lado mio.
Me dejas que me duerma a tu costado. Sé que en algún momento me abrazaste. Porque sentí como ponías tu brazo alrededor de mi cintura.

***

Hablas, tenés una mueca demasiado seria. Me devolvés a la realidad. Me recordás lo lejos que estás. Me acuerdo porque te miro de lejos. Solo de lejos.
Mientras que lo único en lo que puedo pesar es en lo mucho que me gustas y lo mucho que quiero enredarme en vos.