martes, 16 de junio de 2026

Indio

 

2001, además del año del estallido, fui mi viaje de egresados de 7 mo grado.

En la primaria litros de corrector blanco y birome quedaron como sello en las mesas. Como recordatorio de un paso fugaz.

En algún momento apareció PR, oktubre y las anécdotas del nombre, Walter Bulacio, Skay.

Después si. Vino la catástrofe, diciembre. Salir. Represión. Muertos.

Algo de inocencia se perdió ahí. Un poco de infancia terminó de morir.



La escuela secundaria, el baño de los 5tos en el fondo de pasillo que daba al taller de plástica.

El baño de mujeres.

Un baño de mujeres. 

Una puerta.

Y en el lado de adentro, entre mil frases, en birome:

“Puede alguien decirme
Me voy a comer tu dolor
Y repetirme
Te voy a salvar esta noche.

El infierno está encantador”

No era época de internet ni de teléfonos con cámara.

El pasillo de los 5°, un lugar demasiado imponente para una pendeja de primer año.

El “Blanco de las Críticas” terminaba con “esto es efímero, ahora efímero como corre el tiempo”, no me acuerdo si cuando Castello se murió, cambiaron la canción. No me acuerdo.

La remera del tesoro de los inocentes, de mis amigos.

Los CD truchos, los formatos, las fotocopias color de las portadas, las cajas de CD.
En algún momento la colección llegó entera.
Caña Seca y un membrillo, un poco de amor francés, la hija del fletero.

De repente tenían nombre.

Una nota en el diario. El recorte de “y sin embargo el sol se muere “ guardado en algún cuaderno.
Flight 956.

Y de repente 2016, una crisis existencial y una tristeza profunda. No recuerdo exactamente porque. Tandil.
Una procesión, una misa y una fiesta.
Cosas rotas y dudas nuevas.
Y después la vida pasar, frases idas y vueltas, un tema que nunca fallada.




Y pasó.
La certeza de lo que nadie deseaba.

No puedo llorar, no me sale. Estoy triste. Una nube oscura que hace días me sigue. Un malestar interno, profundo, sordo. No puedo llorar. 

No te quiero llorar Indio, por toda la felicidad que me diste. 


Donde hay dolor, habrá canciones
Acabo de perderlo todo

Bebamos de las copas
Más lindas que tenemos hoy

Brindo por vos en la eternidad, Indio. 

Hasta el infinito

sábado, 7 de febrero de 2026

Gigante de Cuerpo chiquito

No se cuanto tiempo queda. Es una pregunta que trato de no hacer, es un intento de pensar que las cosas son eternas, infinitas.

Que las risas en los pasillos van a estar siempre o que no vamos a tener días tristes. Que no hay despedidas. Que siempre hay un abrazo en el pasillo. Una manito que saluda.

Trato de no rememorar tiempos pasados con caras que ya no están.
Finjo, a veces violenta y obligadamente, que mi trabajo es un universo infinito de cosas lindas, de juegos, sonrisas y garabatos. Peluches, stickers y marcadores. Curitas de colores. Poco dolor y mucho juego. 

Trato de negar a diestra y siniestra que la muerte existe. No porque no crea en ella o porque niegue la finiquitud de la vida. 
Simplemente porque no quiero pensar que algunas cosas terminan. Ya dije alguna vez que soy mala para las despedidas. 
Estoy vieja y menos flexible. Más terca, alguien diría que más sabia. Yo no lo creo. 
Probablemente más fragmentada, quebrada, rota. Rearmada una y mil veces. 

Cuando era más joven pensaba que quizás después de cada despedida la piel se vuelve más gruesa y todo duele menos.
“Ilusa” susurró al aire, cada vez que pienso en mí yo del pasado, aferrada a la ilusión de que uno deja de perder algo cada vez que se despide. 
Y como con cada uno, sé que con vos se va a ir algo mío. Y un pedazo tuyo me va a quedar a mi. 

Nadie queda igual después de estos días, algunos límites se mueven, las prioridades se ponen de cabeza. Los miedos de algunos reagudizan, los recuerdos de otros reaparecen. 
Pensé mucho hoy, en vos, en I, en Eme, en Be. En la gente q dejé allá en el 4B con un anhelo desmedido de vuelta. En los que conocí después. En el reconciliarse con la humanidad toda. 

Una especie murmullo en los pasillos de tus retos y quejas de señor grande en un cuerpo chiquito. Echándome de la habitación. Pidiendo upa. Caminando por todo el pasillo. La sala de juegos. Tus papás, guardianes incansables. Vos chiquito, pero inmenso.
Los pinchazos, las vías, los pedidos, los tubos, los aislamientos, la muestra número quichicientos, la duda y la incertidumbre de “que pasaba”, lo
Irremediable de la respuesta, y la inexistencia consistente de una respuesta a pregunta que nadie quiere escuchar “¿por qué?”. La certeza de que a veces solo queda acompañar. 

Ay enano, como te voy a extrañar. A vos, a tus videos y a tu valentía, esa de los que todo lo pueden del primer al último día.

martes, 6 de enero de 2026

Tiempo

Estoy peleada con la intensidad y al mismo tiempo le tengo un toque de miedo. A la mía y a la del entorno.

Supongo q los últimos 12 meses fueron una tempestad de aguijonazos a traición, a mi y a los que me rodearon.

Tengo una especie de memoria sensorial de esos dolores, se recuerdan como heridas en carne viva ante cualquier cambio o movimiento brusco.

Camino lento, casi en puntas de pie, en parte para no despertar al monstruo y en parte para ser consciente de donde esta cada parte de mi cuerpo y al mismo tampoco perderme nada (FOMO, dirían los filosos contemporáneos).

Hoy le pregunte a la psicóloga si voy mas lento que el resto o si me falta tiempo. Me dijo que le parecía q era lo segundo. Quien sabe.
Quizás tiene razón o quizás simplemente no voy a correr a la velocidad que me piden. Por ahora me aferro a la intuición de q mas adelante voy a poder, que tiempo al tiempo y demás, aunque hay un susurro que me eriza la piel de la nuca que dice que quizás, tal vez, puede ser que nunca.

viernes, 12 de julio de 2024

- semana -

Algunas cosas se cuentan en semanas. 

Suelo acordarme de las cosas, las despedidas o los eventos importantes en relación a la semana en la que ocurrió.

Llevo una semana de poco sueño.

De salidas tarde.

De dibujos y heridas en la piel que cicatrizan de a poco.

De un frío que me obliga a usar guantes.


Tengo una semana que no es más que una seguidilla de emociones encontradas.


Una semana más y 6 fotos...


Hace una semana encontré la palabra que define lo que pasó.

Creo que era "arrasada".

Una especie de sensación de vacío, un desierto, sol abrasador, tierra seca y piel tirante.

Pastos ralos. Secos. Opacos. Árboles escasos. Pelados. Caquécticos.

Dispersos en el espacio sin chance alguna de tocarse entre ellos.


O un desierto de pasto verde con escarcha en el piso, crujidos de hielo y madrugadas de cañerías congeladas. Aliento helado. La punta de la nariz…


No tengo mayores expectativas de lo que viene.

Imagino desazón, dolor, enojo, frustración. Fantasmas reviviendo, dinosaurios en la calle. Titulares irracionales. Frases gancheras cargadas de odio. Futuros aniquilados por una, dos o mil generaciones.


Arrasada por dentro y por fuera.

Se me mezclan el afuera y el adentro. 


Se confunden un paisaje, un atardecer, un fuego, tres espíritus del hollín, un mapache con un puntero que me juzga por mirarlo desencajada.


Se me cruza su cara, el desierto y el hielo.

Otras caras, otros desiertos y otros hielos.


A esto me refería amiga, cuando te dije que “arrasada” me describe a la perfección.

 

miércoles, 26 de junio de 2024

imagen sin título

 Me desperté pensando en la playa. En el frio que hacía esos días. El ruido de las olas, las piedras resbalosas, los riesgos de caída y la arena arruinando el lente de la cámara.

“No hay que llevar la cámara analógica en la playa", pensé a la vuelta.

Me acuerdo que me dolían las orejas, que tenía arena en las zapatillas nuevas, ahora destrozadas. que quería volver al hotel a dormir, a tirarme en el sillón y escuchar el silencio.

La autorreferencia en la soledad es inevitable, o no. Son las fechas que se acercan y las que pasaron. 


El sábado a la noche, me asaltaron algunos fantasmas. Quise espantarlos -de todas las formas posibles- y sin embargo, te escribí. 

Te dije lo q quería saber como estabas, que sabia que no querías saber de mí.

El amor que te tengo siempre te puso primero a vos, siempre me dejé  a mi en segundo plano. Esta vez no iba a ser la excepción.

Me dijiste q estabas mejor y me pediste perdón por todo.

Otra vez, pedís perdón. No se si pedís perdón por quererme, por no quererme o por como te portaste.

De alguna forma crees que pedir perdón resuelve en algo todo lo que pasó.

Supongo que es como te manejas en la vida en general.


Te dije que, pese a todo, el amor que te tengo sigue indemne. Estúpidamente indemne. Abollado, golpeado. Y casi avergonzado de seguir ahí. Pero indemne.

Pese a todo lo que hiciste, dijiste o callaste.

El amor a veces es testarudo. Terco. 

Tu respuesta fue seca. Breve. Dolorosa. Sin una sola fisura.

“Perdón por todo”


sábado, 22 de junio de 2024

4 estaciones

 Empieza el invierno y por vez un millón no estás. 

Nunca llegamos a empezar un verano. 

No nos hablamos en los otoños.

En invierno te gusta negarnos como si fuera una salida de este esquema tóxico que tenemos.

Y entonces llega la primavera, que nos renueva las ganas de jugar a querernos mientras terminamos de lastimarnos porque no aprendemos. 

Hay un meme que nunca reenvié, que se que te hubiera gustado, un video de un mono bebé que te hubiera dado ternura que nunca viste, una cerveza que no vamos a tomar.

Y así de la nada, aparece un poema que nunca te voy a mandar. Y no puedo dejar de leer.

Supongo que llegó el invierno y me toca volver a extrañarte.

                                             


jueves, 28 de marzo de 2024

Nosotras y el hielo

Siempre me olvido, las despedidas son largas...pero con vos es peor.
No hay nada entre nosotras que sea fácil. O no hubo, quizás es hora de cambiar el tiempo verbal, referirme a vos en pasado. A nosotras en tiempo pasado o a ese intento de ... A veces me pregunto si él “nosotras” no está de más. ¿Realmente fue algo? Acaso...¿fuimos? Es increíble como podés generar dudas, incluso no estando.


En el proceso de aceptar que las cosas terminan, llevo varios altibajos aunque reconozco que he notado algunos avances.
La eventualidad del encuentro ya no se traduce en momentos de temblor en la voz o rosa en las mejillas, de sonrisas incómodas, de cambios en tus facciones.

Ahora se parece más a visitar un lugar en pleno invierno en cercanías del círculo polar, donde el frío me cala los huesos. El piso está resbaloso, el viento me lastima la cara. Si te tocara las manos seguramente estarían heladas.

Que me mires es como caerse sobre el hielo. Duele la caída y duele eternamente los días subsiguientes. A toda hora parece que nunca va a dejar de doler.

El horizonte es espeluznante. Me arde el cuerpo. 



El silencio es aplastante, quizás interfiere algún susurro, la solemnidad sólo se interrumpe ante alguna respuesta seca, a veces un gruñido con el que mostras tu desaprobación.

Verte es cortarse un dedo con el filo de la hoja que estás leyendo.

Golpearse el dedo chiquito del pie con la pata de la cama.


Siento que de a poco desapareces, te vas consumiendo como un fuego que se apaga y las cenizas humean. No te reís, no levantas las cejas. Tu intervenciones son parcas. Te envuelve un aire gris.

Sé que me odias, probablemente con todo tu ser. 


De repente extrañarte es un tropiezo, un raspon en la rodilla que cura un poco más rápido. Deja una marca si, pero ya no me deja rota en mil pedazos.