Me desperté pensando en la playa. En el frio que hacía esos días. El ruido de las olas, las piedras resbalosas, los riesgos de caída y la arena arruinando el lente de la cámara.
“No hay que llevar la cámara analógica en la playa", pensé a la vuelta.
Me acuerdo que me dolían las orejas, que tenía arena en las zapatillas nuevas, ahora destrozadas. que quería volver al hotel a dormir, a tirarme en el sillón y escuchar el silencio.
La autorreferencia en la soledad es inevitable, o no. Son las fechas que se acercan y las que pasaron.
El sábado a la noche, me asaltaron algunos fantasmas. Quise espantarlos -de todas las formas posibles- y sin embargo, te escribí.
Te dije lo q quería saber como estabas, que sabia que no querías saber de mí.
El amor que te tengo siempre te puso primero a vos, siempre me dejé a mi en segundo plano. Esta vez no iba a ser la excepción.
Me dijiste q estabas mejor y me pediste perdón por todo.
Otra vez, pedís perdón. No se si pedís perdón por quererme, por no quererme o por como te portaste.
De alguna forma crees que pedir perdón resuelve en algo todo lo que pasó.
Supongo que es como te manejas en la vida en general.
Pese a todo lo que hiciste, dijiste o callaste.
El amor a veces es testarudo. Terco.
Tu respuesta fue seca. Breve. Dolorosa. Sin una sola fisura.
“Perdón por todo”




