sábado, 9 de marzo de 2024

Párrafo

Ayer empecé a escribirte. Había redactado un párrafo, había quedado hermoso.

No había ni recelo, ni odio.
Casi que había logrado erradicar la angustia.
Pero sinceramente el cansancio me ganó antes de que pueda pasarlo al papel (o al teclado, si te parece más exacto)
No me acuerdo que decía, se borró por completo, solo me quedó la sensación de que, de haberlo escrito, seguramente sería una obra de arte.

La imaginación y la ilusión, al poder.

Últimamente mi vida se maneja por expectativas a corto plazo.

No llorar cada vez que te pienso.
No escribirte.
No enojarme conmigo por extrañarte.

Entender que cada día es un día más de duelar tu ausencia. Un día más de entender que las cosas tienen un final.
Darme tiempo, curar algunas heridas.

Sobrevivir, reírme y vivir.
Y que verte no tiene porque destruirme. 

Porque "verte" nunca va a ser un romperme y volver a empezar, podra ser un tropezón pero ya no una caida. Aunque lleve tiempo algún día dejará de doler tanto.

Mientras tanto me abrazo a mis amigas.
Ocupo los minutos libres.
Desarmo los pensamientos que me llevan a un mar de culpa.
Voy desdibujando el recuerdo de tu presencia, la sonrisa que me supe de punta a punta, los gestos y las sutiles muecas que me aprendí.

Intento quererte un poco menos.

Un día a la vez.

lunes, 4 de marzo de 2024

Fin

Nunca vamos a festejar un cumpleaños juntas, ni a festejar un cumplemes.

Tampoco vamos a volver a caminar agarradas de la mano.


Nunca me voy a despertar al lado tuyo.


Supongo que no tenía que suceder

Aunque sigo sin poder creer lo poco que duro.


Somos dos gotas de agua y entre nosotras un océano. Podríamos estar una al lado de la otra y nunca estaríamos juntas.


Supongo que las cosas así tenían que ser. Que se trata de seguir adelante.

Aunque ahora sienta que me rompo en un millón de pedazos.


Si, suena muy dramático. Terrible. Catastrófico. Exagerado. Excesivo.


Pero nadie que lea esto está sintiendo lo que yo siento en este momento.

Quizás mañana mute, se modifique, pero mientras tanto, me sigue doliendo cada minuto.


Tengo, por mi propio bien, que deshacerme de esto de una vez por todas. Así como un día te creí que no me querías, que no sentías nada, que te habías equivocado. Me toca ahora entender q decidiste que tu vida sigue sin mi, que no hay lugar al lado tuyo. Que ya nos lastimamos, me lastimaste y te lastimaste demasiado.

No hay amor entre nosotras. No puede haberlo. Nada de lo que un día fue recíproco ya lo es. 


Se convirtió en algo unilateral. Doloroso. Agónico. Que pincha en cada respiración profunda. Que me ahoga en cada intento de recobrar el aliento.








 








sábado, 2 de marzo de 2024

Despedida y fideos

La última foto es de la última vez que nos vimos, o quizás no, la exactitud ya no importa.

Me llamaste con la mano.
"No siento el corazón" me dijiste (y yo deje de sentir el mío)
"Quédate conmigo" me pediste.

Alguna vez me dijiste que tenías miedo, y tuve que disimular el nudo en la garganta, cuando estaba arrodillada empujando un émbolo y dando indicaciones tratando de no perder la cordura, la mesura ni la tranquilidad.
Después nos reímos fuerte porque se zafó la jeringa y mojé toda la pared.

Tu papá gestaba un orzuelo en el ojo derecho que parecía querer tomar vida. Podríamos haberlo bautizado, pero se curó a tiempo.



Otro día, te dije que esto no era culpa tuya y que, aunque no lo creyeras, faltaba poco. Y quizás podías volver a tu casa unos días al menos. Un asado en La Pampa.

Otros días, cuando la internación parecía eterna, ya estabas malhumorado y no te reías de mis chistes. Me gritabas cuando te iba a despertar o no me saludabas.
A menos que te dijera que podías comer fideos. Ahí abrías la sonrisa a pleno.

Nunca me importó tu malhumor. Solo que a veces me frustraba no poder ayudarte.

Ese día me llamaste y me pediste que me quedara.
Te quedaste dormido escuchando tu propio corazón.
Respirando tranquilo con tu papá  acariciandote la cabeza.
Marcabas el ritmo de los latidos con los dedos de la mano derecha y sostenias el estetoscopio con la  izquierda.
Con los ojos cerrados.

A la mañana, cuando me fui, estaban dormidos.


Enfrente alguien se disculpó por haberme respondido mal porque la desperté de madrugada.
Me reí. Le dije que tenía todo el derecho en enojarse pero que mientras hiciera falta la iba a molestar todo lo necesario para saber que estaba bien. No le gustó mucho el argumento pero sonrió.
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Me gustaría que supieran que por ustedes mi trabajo tiene sentido.

Porque el adolescente está esperando a la novia, pues entendió que dejarse acompañar es parte del tratamiento.
Por el que está en casa por empezar las clases después de mil peripecias.

Por aquella vez que me asustaste haciéndote el dormido.

Por verte contento comiendo fideos o riéndote de alguna pavada que dije.

Incluso por los que se fueron.

Porque creo que en el fondo por vos o cualquiera de ustedes, volvería a cruzar el patio, abajo de la tormenta, una y mil veces.

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Y ahora me toca a despedirte. No estoy enojada, simplemente el hecho de que te vayas me recuerda, no solo que hay días muy tristes en lo que hago, sino que, todo aquello que damos por sentado de la vida, puede volverse muy efímero. Puede terminar muy rápido.

Las cosas duelen, dan miedo, frustran, inquietan, nos atraviesan con furia pero también hay otras que nos hacen bien.

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Gracias enano por enseñarme que la felicidad puede ser un plato de fideos o un helado.

Por hacerme correr o devanarme los sesos pensando, por reírte, por enseñarme y hacerme un poco mejor persona.

Podría enojarme con la sepsis, con los antibióticos, con la fisio patología en general.

Pero mejor me quedo para toda la vida con tu manito marcando el ritmo de tu corazón y tu carita con ese plato de fideos.

Te quedaste con un pedazo de mi corazón, para siempre.

Buen viaje.




lunes, 23 de octubre de 2023

Cosas

 Villa del Parque, 03/02/2023


Pasear a Owen, un bulldog francés de casi 6 años, con pocos dientes y mal carácter por la poca socialización, no es de mis tareas favoritas.

Pobre, no es que no disfrute compartir con él esos momentos. Pero, a veces, se vuelve una carga emocional que no puedo manejar.

Los eternos paseos con Owen en los que caminábamos mucho más de una hora sin parar por todo colegiales, Coghlan y Belgrano fueron una de las primeras cosas que me alertaron que algo no andaba bien. La otra fue que la ropa me empezó a quedar inmensa y la gente sentía la libertad de decirme "¿Vos estás mucho más flaca, no?" porque para que solo invadir al otro una vez si podemos hacerlo dos veces al mismo tiempo, no solo marcandote que tu cuerpo antes estaba mal sino que ahora tampoco luce bien. 


De repente no quería parar de moverme. Hasta no estar ambos agotados no emprendemos la vuelta. 


Fue una vez caminando sin poder parar de llorar que llegue a la conclusión de que las cosas estaban fuera de control.


Hoy salí y lloré. Lloré fuerte e intenso. No desenfrenado, sino intenso. como queriendo sacar un montón de cosas de adentro y ponerlas en palabras.

Ahora, sin barbijo es difícil poner en palabras en el medio de la calle. Pero no importó.


Lloré porque te extraño. Porque a pesar de lo que todos digan, sos la persona que quería conmigo. Looré porque me llené de amor y no sirvió de nada.

Porque sentí que todo este dolor me lo merecía, que era mi karma por haber lastimado a alguien más.


Y también porque verte mal me destruye...porque me siento culpable.


Hoy entendí mientras paseaba por el barrio nuevo, tratando de esquivar avenidas muy pobladas, que lo que me impide despedirme de vos es sentirme culpable.

Para empezar todo esto. Por acercarme a vos y desordenar el mundo que tenias armado.

Por el primer mensaje.

Por la primera birra.

Por el primer beso.

Y por el último en el cuello.

Por cada botón de la camisa


Me siento responsable de un descalabro del que se que ambas fuimos parte.


El último encuentro hace una semana me hizo ver que todo lo que sentías estaba ahí. Que no puedes mirarme ni hablarme, sospecho que tampoco dejar de quererme. 

Sin embargo después vino el desplante

Y yo choco con la misma piedra.

Porque sigo pensando que tengo que cuidarte y salvarte de mí o de vos.
Y me olvido por vez un millón de que nada de lo que pasó ahí fue nuevo.
Y me culpo por vez número un millón. 

Y me siento cruel y destructiva por vez número un millón.

Hoy por primera vez entendí que si no te puedo dejar ir es porque me siento culpable.

Y eso no es justo.

martes, 26 de mayo de 2020

Flashes y colores.


flash. 1. Voz inglesa (pron. [flásh])
‘aparato que, mediante un destello, da la luz precisa 
para hacer una fotografía instantánea’.

Hace un tiempo incursioné brevemente en el mundo de la fotografía. Y digo brevemente porque diversos factores sucedieron para dejar esa veta artística de lado. Supongo que a veces eso es ser adulto (podemos abordar mi visión de la adultez en otro momento, imaginarás que es bastante oscura y densa mi opinión al respecto)
Y si no hablo de pasión o de amor por la fotografía no tiene que ver con no sentirlo, sino con que descubrí que hay gente como yo cuya sublimación emocional se parece más, a la demostración algebraica del teorema de Fermat que a un dibujo luminoso en foco y bien expuesto. 
No descarto igualmente ninguna de las dos como camino de expresión en el curso de mi vida.
Volviendo a la fotografía, una de los puntos que siempre me atrajo poderosamente la atención fue el flash. Cómo con un segundo de luz podemos capturar un trozo de realidad que no solo  no se ve sino del cual podríamos hasta plantearnos si realmente existe mientras no haya luz que nos permita verlo.
Creo que está más que claro que se trata de una percepción, más vinculada a lo poético que a lo técnico.

El último tiempo, me asalta una idea cuasi parásita. Me carcome una inquietud. Una duda sobre el futuro y sobre que quiero hacer con la vida que me queda. ¿Dónde quiero ir a depositar mis energías?
Esa idea creció, cómo si nada fuera a detenerla. Cómo una tormenta enorme, intensa.
¿Es el lugar dónde estoy el que quiero?
¿Es el destino que impresiona estar escrito e inmodificable ahí adelante donde realmente quiero llegar?

Ese día me desperté temprano. Nerviosa, ansiosa. Y también aunque me cueste admitirlo algo emocionada. Cuando llegue todo parecía estar igual que antes pero era distinto. 
Entré al codo sorprendida de que la cerradura era la misma que un año atrás. Y sigue funcionando igual de mal. 

Lo que pasó después me pinta de cuerpo entero. Parada en el rinconcito con el habla entrecortada, temblor distal, aumento de la base de sustentación. Rechacé, cómo siempre que estoy nerviosa, toda invitación a comida o infusión.
Me abrieron la cabeza como si fuera una caja y metieron ahí adentro toneladas de información que en otra etapa de mi vida hubiera considerado inmanejable.

Aún en plena pandemia, hay rincones que todavía siguen iguales. Desordenes constantes que se vuelven regulares y esperados. Recorridos, tumultos, encuentros y desencuentros.
Las paredes de colores. Las mesas y las sillas miniatura. El metegol.
El pizarrón blanco. La letra chiquita prolija en azul que relata con horas y minutos un desfile de drogas oncológicas administradas.
Las jeringas siguen en el mismo lugar de siempre. En el último cajon. Al fondo.
Un tropezón no es caída y menos durante una corrida en el pasillo.

Mientras me voy a casa tengo un nudo en la boca del estómago. Un sinfín de sensaciones. La voz se me quiebra un poco. No sé si quiero hablar. Me duele la cabeza y un poco el pecho.
Las paredes se saturan de colores. Como recién pintadas.
Nunca tardé tanto en recorrer ese pasillo en penumbras.
Siento la tormenta en mis oídos,  susurrando un universo de dudas e intrigas.
Los recuerdos iluminan los instantes que se vuelven reales y tangibles. Y las últimas 12 horas me caen encima de repente...y entonces los flashes.
El dia que conocí a C y el día que nos prometimos bonobones, sus regalos de cumpleaños y de su despedida abrupta.
Tambien Ele y romper en llanto en medio del pasillo. Recordé también de las lágrimas que derramamos en esos finales.
También Ese y Te.

Y me acuerdo de Efe, de Eme. De cuando podíamos abrazarnos. Y pienso que si las encontrara rompería toda precaución y las abrazaría, y a sus madres, como hacemos siempre.
Y vuelvo a sentir esa alegría que me estruja el corazón cada vez que la escucho o la leo a Meli del otro lado del teléfono.

Me acuerdo de ser una erre uno asustada, del primer pase. De los comentarios previos. De la ecografia incompleta. De  los pases del horror. Me acuerdo de tener miedo. Me acuerdo de no saber y de querer aprender.
Me acuerdo de decirles a ustedes que no queria volver,  porque dolía todo y mucho.
Y tengo más presente aún, y ahora más que nunca, que ese día te reiste un poco de mí, cómo con ternura, y en tono tranquilo me dijiste que iba a volver. Porque como siempre de alguna forma lo saben todo...

Un rato antes de irme Sofía pegó en mi máscara una estrella. 

Hace mucho tiempo entre los aislamientos me miraba desde el suelo una estrella.
No creo en las señales, pero si en algunos instantes reveladores.
Entonces entendí que tenías razón. Aunque ya lo sabía de antes. Me habías dicho que iba a seguir volviendo. Y lo hice. Volví. Una y mil veces. 
Y aparentemente seguiré volviendo.

Me senté en el auto.
Miré la foto que le saqué al sticker de Sofía. Miré el estacionamiento y arriba las ventanas iluminadas del codo y del rinconcito.
Los flashes, destellos iluminando sombras.

Sonreí mientras pensaba que hace un año quería volver. Y volví. Y espero que sea por un largo tiempo. Algunos nencesitamos, a veces un poco de tiempo en casa.


martes, 28 de mayo de 2019

Quiero, pronto, verte de nuevo rinconcito


Hace 4 días vengo tratando de escribir esta despedida, pero la tengo anudada en el pecho, negándose a salir.
Como si así lograra impedir el final. Como si se pudiera detener poco el tiempo.

Siento que levanto la cabeza y pasaron 4 años. Como si saliera de una cueva, de un mundo subterráneo, de un universo paralelo. Y pasaron 4 años.

4 años intensos, a veces hasta demasiado. Dolorosos, angustiantes, felices y francamente hermosos.
Con payamédicos en los pasillos, reyes magos en las habitaciones. Evoluciones e indicaciones.
Recorridas, achiques y pases. Y el pase del pase y el achique del achique. Y los mil pasesitos de Barby.

Uno se acostumbra, mas o menos rápidamente a que camita 4 pierda la vía, que cama 33 haga fiebre y que en el 4º B un neutropénico afebril abandone la normotermia para clavarnos en el medio el pecho un 37.7 ºC y la duda y los paños y los pinchazos, los gritos que desgarran el silencio en los pasillos, les padres y madres que se niegan a otro intento.
Y la sepsis.
Y la placa que quedó en rayos.

El infiltrado que no aparece porque las defensas no existen. Y el "hemo y retro con recuentos" con su "Pipertazo - Vanco - Amika" que se vuelve liturgia cada posguardia.
Esos pases tenebrosos después de un fin de semana puente de 165 días, los balances que misteriosamente dan positivos, los ojitos hinchados. Las bombas que se apagan y no se prenden. La incógnita de las horas.

Las preguntas. El teléfono que interrumpe el transcurrir nunca calmo de la guardia.
Los posguardias, las conquistas hasta algún momento desconocidas.

Los amigos. Los otros desconocidos hasta ese primer día con los que se camina codo a codo. Los abrazos que son consuelo y los de la alegría. Las sonrisas torcidas y el pelo revuelto.
Los armados, los sábados, los domingos, los habiles que son viernes. Los recuentos. Los problemas de último momento. La sonrisa cómplice.

Mientras tanto afuera transcurre la vida.

Los que nos dejan, porque a esta altura los duelos son colectivos y los que llegan para llenarnos de amor.

Hoy, después de 4 días de intentar escribir esto me toca irme, dejar entre otras cosas el rinconcito del 4º B y a gente que me ha hecho muy feliz (y otra que no tanto...pero no entraré
 en detalle). 


Me voy sabiendo que siempre voy a querer volver, cuando sea mejor, cuando sea más grande y porque no más sabia.

Porque a casa siempre se vuelve. Siempre.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Flores



Che flor se curó.
Si. Se curó. Se va a la casa con las restas por la cintura.

Se va. Vuelve para los controles.

Le vi una sonrisa inmensa.
Y se me escapó un lagrimon de emoción.

Vas a decir que es cualquiera. Que exagero. Pero cuando me abrazaron me dijeron " viste que se curan? La mayoría de las veces es así. Aunque ustedes no lo vean"

Y el día es mucho más lindo ahora que se q ella va a poder disfrutarlo.

Buena vida. Que sea intensa y que sea hermosa Flor. Para siempre.

PD también Eme se transplantó y todo salió bien.