miércoles, 8 de julio de 2009

Cuenta regresiva

-Ya te dije, me mató la ansiedad. De repente creí ver clarísimo todo lo que me rodeaba para terminar estrolándome contra una realidad que no era ni un poquito parecida a eso que creí tener tan claro.
-Ja, Ja, Ja. Perdón que me ría pero lo contás muy gracioso.
-Se, ojalá fuera la mitad de gracioso de cómo lo cuento lo que tengo adentro.

Había un envase vacío de cerveza entre ambos. La pizza había sido saboteada por dos individuos escandalosamente hambrientos que ahora estaban sentados en la alfombra del living.
-Bueno, igual, es cuestión de tiempo. Ya va a pasar.
-Si, ya sé - Su voz sonaba molesta, fastidiada, deseosa de dejar de hablar de eso que lo traía hacia ya bastante a maltraer. Bah, bastante, habrían pasado como mucho dos semanas, pero ese alma sentía que había pasado mucho más, años, lustros, décadas de dolor o más bien de ilusiones inventadas.
Se tiró para atrás. Cerró los ojos dejando a su amigo solo, en presencia de él, pero solo al fin.

Esta bueno caminar, lo he dicho en momentos anteriores, pero él y yo nunca coincidimos. Detesta caminar, odia reflexionar, pensar, tratar de descifrar algo, permitir que eso pase más de 20 segundos en forma de imagen mental o de voz inconciente o conciente. Es un chico de “acción”, de hacer lo que siente…y arreglar la cagada después.


-Linda forreada me pegó, vieja del orto- esas palabras salieron sin explicación alguna de su boca. Se acordó de algo descolgado. Una vecina mayor, la pelota que pasa por arriba de la reja, y la vieja que le sonríe y se acerca a la pelota. Había escuchado anécdotas sobre esa señora: que no devolvía las pelotas, que te llevaba de la oreja a tu casa, pero ahora lo miraba con una sonrisa muy, muy dulce. Y con esa misma dulzura se levantó de la silla, se dirigió a la pelota y sin modificar el gesto…le clavó la aguja a la pelota, que él vio desinflarse lentamente.
-¿Que? Perdón no te escuche, contestaba un mensaje de Polly.
-Nada, pensaba en voz alta- se incorporó. Tomó un trago de cerveza, y se volvió a tirar para atrás, recostado en el piso. Miró el techo. Las imágenes se sucedieron, una tras otra, tan rápido que empezaron a mezclarse.
La vio, de nuevo, muy nítida, detrás de ella la película corría a veinte mil por hora. Pero ella estaba quieta y lo miraba. Lo saludó y se volvió a disolver en la película que corría detrás.
Casi al borde de la locura, agarró la botella de cerveza y se tomó la mitad, estaba fría, o caliente, a esa altura no importaba.
Su amigo lo miró realizar esa última acción.
-Pensar que antes de ella, para que tomaras una cerveza había que ponerte un embudo por el…-no terminó la frase. Su amigo eructó como si se estuviese sacando al diablo de adentro. Se rieron.
La risa ayudó a espantar las malas sensaciones.
-¿Que te decía Polly?- preguntó tomando otro trago del pico de la botella.
-Nada, que el chabón la dejó plantada acá cerca. Le dije que se viniera para acá.
-Ese flaco es un pelotudo, no se como no da cuenta.
-Viste como son las minas vos, tercas.
-Se, decímelo a mí.

Se dio cuenta que estaba mareado y que estaba más cómodo acostado y con los ojos cerrados. Semi-dormido la pasaba bomba.


La casa cerrada, una brisa fresca, un olor a azahar asqueante, el estómago revuelto. La cama estaba helada, debía ser por la ventana abierta.
Vio algo que se movía, una figura se paró en la abertura de la puerta. Si en algún momento había tratado de cuantificar cuan buena estaba seguro que se había quedado corto…seguro.
Ella se le acercó y cuando ya podía sentirla muy cerca….algo le saco el aire violentamente….


Abrió los ojos muy grandes.

-Polly, la puta que te parió-dijo jadeando- se había quedado dormido y la chica se le había caído en la panza. No tardo en darse cuenta que estaba en pedo.
Su amigo no estaba mucho mejor. Ya esta, le habían dado el puntapié inicial para irse.
A los diez minutos estaba en la calle, que estaba oscura y sola, y el con las mano en los bolsillos tratando de combatir el frío. Si, el frío que le corría en el cuerpo por haberla visto.
Siguió caminando. Vio la hora. Las cuatro.
-Soy una vergüenza, una vergüenza que se vuelve a casa.
Eso lo hizo reírse un rato.

Cuando llego a su casa, la PC seguía prendida, se sentó. Nadie conectado.
Abrió el “programa para escribir” y tecleó. Nunca se le había dado por la escritura. No sabía porque ese día iba a ser diferente, solo sabia que iba a serlo.
Empezó, las primeras palabras le sonaron ridículas, pero de a poco agarró confianza y no paro. Miró el reloj. Siete y media. Tres horas ahí sentado y no sobrio precisamente. Cerró todo, no sin antes archivarlo. No sabia si iba a volver a escribir, pero quería que quedara sentado como precedente que ya lo había hecho. Y a juzgar por la tranquilidad que tenía adentro….de algo había servido.

“Sos una carta que no puedo terminar de escribir. Algo de lo que no me puedo escapar saliendo ileso. Sos esa fiebre que nunca termina de bajar, ese picar de garganta que te vuelve loco a la mañana.
Tenés una cara que me encanta. Unos ojos que me encantaba saber que me miraban, la nuca la espalda, la sien, lo que fuera que supiese que estaba dirigiéndose a vos.
Y no me puedo escapar, quiero salir, mirar al costado hacerte un gesto en la cabeza de “Mucho gusto” y seguir con mi vida, que verte aparecer no sea un “crash” un sentir algo romperse.”

1 comentario:

  1. que lindo. la escritura siempre nos dá ese espacio que a veces necesitamos para calmarnos. :D

    Lindo texto.

    besos

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