miércoles, 25 de mayo de 2016

Theo

Theo esperaba el ascensor en el hospital enfundado en una campera y su gorro de lana. Ese gorro seguro se lo tejió la mama. Azul y blanco, bien norteño y bien abrigado.
Lo más probable es que quisiera irse a su casa, a jugar o a mirar tele.
A Theo le gustaba jugar.

El ascensor se abrió.
Theo se mandó con todo el ímpetu, pero mamá lo frenó.
-Subimos -dijo la ascensorista- ahora vengo.
Y Theo no subió.
Mama lo sostenía del hombro.
-Theooo! – se escuchó desde adentro del ascensor. Alguien lo saludaba. Theo no vio que su mama le sonrió a la persona que había exclamado su nombre. Saludó moviendo la manito.

***
Esperaste el ascensor en el 1er piso durante algunos minutos con la abuela que sostenía en brazos a su nieto, después de una ecografía que había resultado completamente normal. No había porque creer que el estudio podía salir mal, pero después de algunas sorpresas habías desarrollado una adrenalina particular.
Ahora, con el resultado normal y las hormonas de stress casi normalizadas, filosofabas en tu cabeza sobre lo mucho que tarda en degradarse el plástico y lo poco que te gusta el amarillo, cuando llego el ascensor.
Subiste con la dupla abuela- nieto.
-Sexto piso – le dijiste a la ascensorista.

Volviste a pensar en cualquier cosa y en lo mucho que querías irte a casa posguardia cuando se abrió la puerta del ascensor y un nene se abalanzo para subir.
-Subimos – dijo la ascensorista.
La mama frenó al nene que atinó a subirse al ascensor que no iba en la dirección adecuada.

Lo miraste.
Esos cachetes y esa mirada te resultaron conocidos. Atinaste a hacer lo de siempre y miraste a la mamá. La reconociste tan rápido que no pudiste controlar tu entusiasmo:
-Theoooo! – dijiste con una sonrisa.
Theo te miro. Te saludo con la manito, poco convencido de saber quién eras vos.
La puerta de ascensor se cerró.

Poco te importó que el resto de los pasajeros del ascensor te miraran.
Los cachetes rojos del frio de Theo, sus ganas de subirse al ascensor, su sonrisa escondida dentro de tanto abrigo y su manito saludándote te alegraron el día.

Y a ecografía también.

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