Si esto fuera una carta, me vería en la obligación de pedir disculpas a quien lee por el tono lúgubre y carente de cualquier mínimo atisbo de optimismo.
Hace 11 años que pienso que con el tiempo las cosas duelen menos. Estaba segura que uno se endurece, sin perder la ternura. Transcurría convencidísima de que un cuero más grueso nos separaría del dolor.
No me atrevo a decirle a mi yo de 2015 que las cosas como esas no mejoran.Vengo pensando en cómo construir la despedida. Podría contar las mil veces que me puteaste. Las caras de traste. Las vías. Los catéteres. Las fotos, AirDrop. Android. La mueca de “Ay q densa” característica identitaria tuya.
Molestarte era mi forma de darte ánimos.
No va a ser muy extenso esto.
Te voy a extrañar. Voy a extrañar la continuidad y la cotidianidad que le dabas al pasar de los días.
Encuentro las fotos, me río. Se las paso a Santi. Pienso en que escribir. Me pregunto cómo estará tu mamá.
Y de repente pasó una semana.Alguien me pregunta.
Yo me acuerdo. Mastico la noticia y sigo.
Un poco aprendí eso con los años, que pese a todo hay que masticar el dolor y seguir.
Casi con la ilusión que tenia en 2015 de que con el tiempo va a doler menos. Con el aprendizaje caótico de otros momentos oscuros.
Con la expectativa de que en el futuro cercano o lejano, alguien recuerde alguna anécdota y pueda reírme y pensar en lo afortunada
que fui en coexistir en el caos de este mundo con vos.

